sábado, 28 de enero de 2017

¿QUIEN NOS ESTÁ ROBANDO EL TIEMPO?


Esta semana voy absolutamente desbordada. No sé si lo he notado más porque venía de unos días de vacaciones en los que he vivido  a “otra velocidad”, pero ya no solo me falta tiempo para todo, si no que tengo la sensación que las horas (la vida, para que vamos a llamarlo de otra manera) se me están escurriendo entre los dedos.

Hace dos días, como aquel que dice, escribí una publicación que se titulaba: “Ya están aquí las luces” y comentaba que, faltando todavía más de un mes para Navidad, ya estaban empezando a poner las bombillas por las calles. ¡Qué barbaridad!

Pues en un…..pis-pas, no solo ha llegado la Navidad, si no que ha pasado, han quitado las bombillas y ahora todas las tiendas se están disfrazando para Carnaval.

Y pasará el Carnaval y estaremos hablando de la Semana Santa y cuando todavía estemos quitándonos la cera de las procesiones, empezaremos a preguntar: ¿Y dónde te vas de vacaciones?

Mirando el blog he visto que llevo escritas ya 74 publicaciones. 74 pequeños relatos; 74 historias y 74 trocitos de mi vida y de mi alma que, aunque yo no lo quiera, se cuelan entre los renglones. A veces pienso que no sé como tengo tanta imaginación.

En uno de ellos  hablaba de mi descubrimiento, gracias a un curso que habíamos hecho en el trabajo y que impartió el maravilloso  profesor Javier Ibáñez, del Minfulness, que no es otra cosa que vivir única y exclusivamente el momento.

Si lo consigues es fantástico porque se te va la depresión o la tristeza, cuando estás continuamente reviviendo el pasado, o la angustia cuando te atormentas imaginándote el futuro.

Vivir el momento. Pero… es tan difícil a veces coger bien por las riendas a la cabeza y obligarla a que camine a tu lado..... Es tan difícil no estar pensando siempre en mañana…..

 Cuantas veces decimos o escuchamos: “Pero, ¡por Dios!,  si ayer era lunes y hoy ya es viernes……”  Y es que el lunes estamos pensando en el martes, el martes en el miércoles, el miércoles en el jueves……


En el momento que veo que mi mente va, a galope tendido, por delante de mí, intento hacer la práctica de decir en voz alta (o baja según donde me encuentre) lo que estoy haciendo en ese  momento. Por ejemplo:

Ahora estoy haciéndome un rico café
Ahora salgo de casa y voy a la panadería a por un croissant
Ahora estoy paseando con mis perras
Ahora estoy esperando el tren y observando a las personas que están a mi lado. (Esta es una muy buena fórmula para olvidarte un poco de ti mismo) 

Así mi cabeza frena de golpe y vuelve al buen trote. No sé por qué hago tantos símiles equinos; seguro que si lo leyera un psicoanalista sacaría alguna conclusión.

Cuando era una jovencilla adolescente angustiada porque el “ser mayor” no acababa de llegar nunca y mi madre se reía y me decía: “Ya verás,  a partir de los veinte el tiempo vuela”  pensaba ¡Sí hombre, seguro……!

Y que si vuela…… ¿Por qué será? Si tenéis la respuesta os agradecería muchísimo que me la dierais.

¿Tal vez porque a partir de esa edad se supone que eres más dueño de tu vida; no tienes que depender de la opinión de los demás o puedes hacer las cosas que quieras sin esperar la autorización de nadie? Quizás esa deseada libertad rompe las cadenas de dependencia que tanto pesan y te impiden volar…..

¡No sé…! como de esto no puedo echarle la culpa a los políticos, o al cambio climático, o a la crisis, o a Donald Trump (tiempo al tiempo), voy a intentar con todas mis fuerzas volver a agarrar cada minuto y no dejarlo escapar pensando en el minuto que viene.

Otra semana que os agradezco que estéis ahí. Un abrazo a todos.







sábado, 21 de enero de 2017

LOS SIN-TECHO.... MAÑANA TÚ PUEDES SER UNO DE ELLOS



En estos días, en que el frío nos está encogiendo a todos el cuerpo y deseamos llegar a nuestra casa donde nos espera una cálida temperatura y una reconfortante sopa, quizás nos acordemos un poco más de unas personas que pasan desapercibidas por nuestro lado. Mejor dicho, nosotros pasamos por su lado, sin que les prestemos la más mínima  atención. Están ahí, como parte del mobiliario urbano. A veces son los mismos, a veces son otros pero, seríamos incapaces de describir ni tan siquiera su indumentaria.

Es muy reconfortante pensar que esas personas, que se tapan con cartones o intentan buscar abrigo dentro de un cajero automático o en la puerta de un garaje,  están así porque ellas quieren.

Cuántas veces calmamos nuestras hipócritas conciencias diciendo:

Ya tienen refugios donde ir, son ellos que prefieren  quedarse en la calle.

Claro, claro, queridos seres humanos que esta noche os taparéis con gruesas mantas o livianos nórdicos, os despertaréis a media noche, saldréis al lavabo y volveréis corriendo a refugiaros en el calor de vuestra cómoda vida.

 ¿Sabéis por que pasamos sin mirar a los sin-techo, o vagabundos o mendigos, como queráis llamarlos? ¿Sabéis porque endurecemos y blindamos nuestros corazones ante su presencia? Porque tenemos miedo de mirarlos y vernos a nosotros mismos. Porque nadie, absolutamente nadie nos asegura que mañana no seremos uno de ellos.

Que creéis ¿que ellos nacieron pensando que acabarían así sus días? ¿Que cuando les preguntaban de niños qué querían ser de mayores ellos decían: "Pobres"?

Detrás de cada uno de ellos hay una historia y una tragedia. Detrás de cada uno de ellos hay una palabra en común: Soledad.

Todos tenemos en la cabeza la mujer quemada viva en aquel cajero de la Caixa por tres hijos de puta. Tres niños de papá en busca de nuevas emociones.

Aquella  mujer era una secretaria de dirección, con sueños, con familia, con futuro. Posiblemente una secretaria de dirección que también pasaba “sin ver” a los pobres que se encontraba por el camino.

Una mala jugada de la vida, una decisión equivocada y…¡se acabó!

Hace tiempo leí una entrevista con un sin-techo y hubo una cosa que me impactó. Todos tenemos la imagen asociada de estas personas a un tetrabrik de vino peleón. Todos asociamos pobre con borracho. Todos pensamos (para nuestro alivio), que ellos han llegado a esta situación a causa de la bebida. 

A este sin techo le preguntaban por qué bebía y ¿sabéis que contestó?

¿Porque le gustaba…?  ¡No!
¿Para no tener frío….? ¡No!
¿Porque le hacía ver la vida de color de rosa…? ¡No!

Esta persona reconoció que necesitaba beber, que necesitaba estar borracho para intentar mitigar el pánico que tenía de estar en la calle.

Para no pensar en todos los peligros que le acechaban. Para no ver a todos los que se le acercaban como enemigos que querían pegarle o matarle.

Necesitaba estar borracho para no morirse de miedo ante una ciudad, ante unos ciudadanos, que no iban a tener la mas mínima compasión con él, porque en el fondo ¿quién era él? ¡Nadie!

Los vapores del alcohol lo volvían valiente e insensible. Los vapores del alcohol le ayudaban a sumergirse en un profundo sueño en donde, quizás, se veía asimismo metido dentro de una confortable cama tapado por un amplio y caliente edredón.

No os pido, como en aquella estúpida campaña publicitaria, que pongáis un pobre en vuestra mesa, pero sí que, como mínimo los miréis. No hay nada más doloroso que la indiferencia.  No paséis por su lado como el que pasa por el lado de una bolsa de basura.

¿Os acordáis de mi primera publicación? La mendiga malhumorada y arisca a la que le cambió totalmente el gesto de la cara cuando le sonreí.

Pero, por supuesto, que la sonrisa vaya acompañada de alguna ayuda. Si no queremos darles directamente a ellos un euro porque….. a saber en qué lo gastaran.... démoslo a Asociaciones que sí sabemos que les van a ayudar.

Una semana más (una semana para mi muy especial), os deseo lo mejor. Abrigaros y dar gracias (a quien queráis) por todo lo que tenemos.







sábado, 14 de enero de 2017

¡AAAAAATCHUS! ¡JESÚS! ¡GRACIAS!

Es muy curioso observar algo que se viene repitiendo cada año. Los doscientos mil millones de anuncios de colonias con que nos bombardean, sin piedad, desde finales de noviembre hasta el mismísimo día 5 de enero, desaparecen, por arte de magia, dejando paso a los anuncios de todo tipo de antigripales y analgésicos. Como si los virus y los dolores se dieran una tregua durante las fiestas y arremetieran con fuerza en el momento de abrir el último regalo de sus Majestades de Oriente.

Yo por ahora (toco madera) no me he acatarrado. A finales de este año, bueno, del año pasado (es que aun no me he acostumbrado) me vacuné de la gripe después de muchos años de no hacerlo. Con mi último gran resfriado lo pasé fatal porque me quedé sorda como una tapia y, lo que al principio era motivo de risa, se convirtió en un estado tremendo de ansiedad. Algún día hablaremos de la sordera. Puede llegar a convertirse en una auténtica paranoia. No entiendes lo que te dicen, ni sabes si te están hablando a ti o al de al lado. Y cuando escuchas risas  piensas que eres tú el motivo de ellas, con el consiguiente mosqueo. No sé los demás sentidos, pero la falta de audición provoca una terrible desconfianza.

Pero volvamos al tema que nos ocupa ¿quién no tiene cerca un familiar o un amigo o un vecino presa de la gripe?

Los tremendos fríos que está haciendo este recién nacido invierno, la contaminación de las grandes ciudades, que no ayuda en absoluto a limpiar el ambiente, y las conductas guarras de muchos, muchísimos humanos, contribuyen a que esta enfermedad, tan mortal en otras épocas y tan molesta en ésta, haya encontrado un buen caldo de cultivo.

Conductas guarras, ¡sí señor! ¿Tanto cuesta, cuando vas a toser o a estornudar, ponerte la manita delante de la boca para no impregnar, a todo el que te rodea, con tus virus? Estos "bichos" una vez expulsados tienen una vida de unos 5 minutos, tiempo más que suficiente para meterse dentro de cualquier persona cercana a la que, si sus defensas están en ese momento echándose una siesta, pueden amargarle rápidamente la existencia. 

Los primeros japoneses que vi con mascarilla paseando tan ricamente por la ciudad, me produjeron una reacción de indignación. Pensaban que lo hacían para que nosotros no les contagiáramos nada. “Pues que se queden en su casa”, pensé enarbolando la bandera de mi amor patrio. Después me enteré que no es que nos tengan asco, es que a veces son ellos mismos los que están constipados y no quieren infectar a nadie. ¡Angelitos!


El otro día entró un matrimonio oriental en el metro (ya sabéis que este medio de transporte es una de mis mejores fuentes de inspiración). Me reí internamente porque los dos eran muy pequeñitos y la mascarilla que llevaban les ocupaba casi toda la cara. Parecían que estaban a punto de entrar en el quirófano a abrir en canal a algún pobre paciente.

Miraban a la gente y sonreían. Esto último creo que es más producto de mi imaginación que de otra cosa porque, entre los ojos tan pequeños y la mascarilla resultaba un poco difícil verles la expresión. 

Al lado de estos dos prudentes personajes había un señor (que casi les doblaba en estatura y corpulencia) tosiendo, estornudando y sonándose aparatosamente. Los pobres japoneses levantaron las cabezas asustadas y seguro que maldijeron no haber entrado en el metro con una escafandra.

Y ¿por qué tenemos que ir al trabajo con 39 de fiebre? Yo entiendo que en las empresas en que se descuentan del sueldo los días de baja, a veces, aun con las tripas fuera, mucha gente no tienen otro remedio que acudir, pero en empresas normales que a final de mes  pagaran lo mismo, ¿por qué hay que ir encontrándote mal? ¿Por qué hay que aguantar las caras de tomates podridos y los comentarios unitemáticos de: "Que mal me encuentro..... estoy hecho polvo"…..?

En mi época, cuando alguien estaba con fiebre se quedaba en casa una semana. En la cama, tapadito y sudando el catarro (cada uno con el método que considerase más apropiado). Ahora no: ahora hay que salir a la calle aunque no puedas ni con tu alma, contagiando a todo el que pasa por tu lado, rindiendo la mitad (cosa lógica) y provocando acabar con una gripe mal curada que luego pasará factura hasta con el IVA incluido.

¿Se nos cae la casa encima? ¿Tenemos miedo que por una semana de absentismo nos sustituyan por una máquina de café? ¿Tenemos que demostrar que somos más machos/hembras que nadie y que no hay bicho viviente, por más microscópico que sea , que nos meta en la cama?


También es verdad que hay gente que le encanta ir por la vida con el “¡ay!” continuo. Que disfrutan yendo pegados a un pañuelo en la nariz o que creen que hacen una proeza digna de elogio por reconocer que están a 38,5 de fiebre y ¡ahí están!

Por favor, cuidémonos más. Demostremos sin complejos que somos débiles humanos, y si no nos queda más remedio que tirar para adelante sin parar, acordémonos (como mínimo) de la manita. Luego, eso sí, la lavamos.


Un beso y a tomar bebidas bien calientes.

sábado, 7 de enero de 2017

BUENO…¡YA SE HAN PASADO!



¿Qué? ¿Qué tal han ido? Hoy por fin es el ansiado 7 de enero y ¿sabéis qué? que como soy tan rara, yo, que llevo desde el 1 de diciembre deseando que llegue este día, ahora me entra como un poco de….morriña.

Pero no por las celebraciones en sí: ¡Benditas ensaladas y bendito pescadito a la plancha!, si no porque en estos días las calles han dejado un poco atrás su oscuridad y su impersonalidad y se han vestido de fiesta llenándose de luz y de color.

Ya sé que en estas fechas hay muchas, muchísimas palabras vacías y huecas que al cabo de escucharlas una y otra vez te las vas creyendo. Tantos deseos de felicidad, de alegría y de prosperidad, cuando vienen de personas que en otra época del año, seguramente, ni te miran a la cara, al principio te provocan una mueca de desconfianza, pero al final  también acabas entrando en ese bucle de euforia colectiva que te invita a ir besando, a diestro y siniestro, como si de una novia en plena boda se tratase.

Caras familiares de verlas cada día en la televisión, a las que les lanzas un:

 -- Igualmente majos

Cuando te desean todo tipo de venturas para el nuevo año.

Y sobretodo me entra una pizquita de nostalgia cuando me acuerdo de la locura del móvil y las redes sociales los dos días claves: Nochebuena y Nochevieja

¿Qué hay muchos mensajes que se repiten? ¡pues sí! ¿Que hay algunos videos que te colapsan el teléfono y la tercera vez que te llega el mismo lo envías directamente a la papelera? ¡pues también!  ¿Que hay escritos de esos bonitos que puedes empezar a leerlos con los aperitivos y cuando llegan los turrones todavía los sigues leyendo…? ¡qué te voy a contar!, pero todo lo que te llega es de tu gente. De la gente que decides voluntariamente que esté en tu vida, o al menos en tus contactos.

Por más que todos digamos que el móvil no nos va a condicionar la vida y que no vamos a ser esclavos de él, ¿quien no lo ha mirado de reojo (si ha formado parte de la vajilla en la mesa de Navidad) al notarlo vibrar, o quien, cuando se ha levantado para llevar algún plato a la cocina, o simplemente ir al lavabo, no lo ha cogido (como aquel que no quiere la cosa) y ha comprobado nervioso cuántos mensajes y llamadas tenía retenidas?

  Son noches en las que no te puedes sentir solo. Sabes cómo va vestido fulanito, que tiene de primer plato menganito, que le han regalado a zutanito….. Mas allá de la enorme estupidez de ir retransmitiendo nuestra vida, a base de publicar hasta cuando nos cortamos las uñas de los pies, o de enviar miles de fotos, es igual que interesen o no, la cuestión es que vean que hago cosas y que voy a sitios….. en estas fechas, con nuestras imágenes queremos estar al lado de los que, posiblemente, nos gustaría estar, pero no podemos.

¿Quién no se ha imaginado una Nochebuena con todos los amigos? Una mesa con la familia que realmente quieres, no la que por narices tienes que aguantar, y los amigos con los que has compartido todo el año. Esos amigos que te aguantan los lunes y te disfrutan los sábados. Los amigos a los que solo con mirarlos ya saben qué te pasa. ¿A quien no me gustaría acabar afónico de tanto cantar villancicos con esas personas tan afines a ti, con las que te encuentras tan a gusto y que, precisamente, en una de las fechas más importantes del año, tienen prohibido salirse de su clan? Bueno….¡algún año!

De todas maneras, como siempre hemos dicho, el ser vivo en general,  necesita su rutina y su caminito. Lo que sería fantástico es poder prolongar este entusiasmo y este compartir emociones a lo largo del año. Que bonito sería encontrarte con un amigo o un conocido y que después de una buena sonrisa te diera un abrazo.

¿Y eso? Le preguntaríamos intentando recordar rápidamente que día era

- Porque sí, porque me alegra verte…..

Somos tan crueles a veces con nosotros mismos que seguro que pensaríamos: Está loco o…..¿qué me querrá pedir? 


Desde aquí os envío mi gran abrazo a todos y sí… un poquillo loca sí que  estoy y sí… os quiero pedir algo: que sigáis conmigo a lo largo de este 2017.