sábado, 24 de septiembre de 2016

¡BIENVENIDO OTOÑO! ... ¿BIENVENIDA TRISTEZA?


El otro día mi querida amiga Pandorha Gloria, escribía  esta joya en su Facebook:

“No ha llegado el otoño y ya me invade la tristeza, será por aquello de que hay un momento para sentir -de formas diferentes- y bajas el puente y dejas que se dé una vuelta por tu casa, a paso ligero... Tal vez viene a recordarme todo lo bueno que tengo, lo que espero y lo que creo. Adiós, tristeza, adiós”

La tristeza es un sentimiento muy común cuando llegan estas fechas, en que el sol se va a dormir antes, la luna perezosa le cuesta salir de la cama, y el viento y la lluvia van moviendo las hojas de los árboles, hasta que poco a poco van cayendo en un sensual  striptease.

Muy poético todo ¿verdad? La realidad es que muchas personas comienzan a sentir una melancolía, que se irá aposentando en sus vidas, y de las que les será muy difícil librarse.

Yo encuentro una gran similitud entre el otoño y la navidad. En otoño, como cuando empieza un nuevo año, nos empezamos a proponer nuevas metas, o viejas metas que vamos arrastrando año tras año:

“Cuando se acabe el verano empezaré ya en serio……: ¿Inglés? ¿Dejar de fumar? ¿Gimnasio? ¿Pádel con los compañeros de trabajo que tanto tiempo llevan diciéndomelo? ¿Tomarme la vida con más calma? ¿Hacer un cursillo de….? ¿Ir mas al cine o al teatro o a ver una exposición??????”

Y sin darnos cuenta, nos vamos agobiando a medida que vemos que esas metas, no se van cumpliendo.

Al entrar en el otoño, como cuando ya llega (por fín) el 7 de enero, nos entra una especie de “bajón” físico y psíquico. Venimos de unos meses o de unos días exageradamente intensos, en los que la propia sociedad nos ”obliga” a disfrutar mucho, a vivir a tope, a pasarlo muy bien.

 Hay una sobreexcitación en el ambiente, ayudado por los cientos de anuncios de gente riendo feliz, y corriendo alocadamente por las blancas arenas, o llenas de paquetes y de guirnaldas para el árbol, que nos bombardean a todas horas y en todas partes. ¿Cómo vamos a reconocer que nos hastía el verano y odiamos los villancicos?

Pero el otoño tiene cosas maravillosas.

 Volvemos a reencontraros con nosotros mismos. A tener paz. ¿Os habéis fijado en la Naturaleza en esta estación? Las limpias mañanas en las que al salir de casa, te despeja un soplo de aire fresco. Ese sol de mediodía que empieza a no molestarte, y que hasta en según qué lugares se agradece. La gente más calmada: ya no hay tanta agresividad en todas partes producto del insomnio y del sudor.


Cuando regresas por la tarde o por la noche a tu casa, al empezar a dominar la oscuridad, abres la puerta y tu hogar se transforma en unos enormes brazos que te acogen.


Cierras las persianas, enciendes las luces y ya en ese momento de tranquilidad, vuelves a ser el rey de tu vida.


Como en aquel relato de las hojitas del calendario, que tanto os gustó (16 de Noviembre), vamos a pensar en  5 cosas buenas del otoño. Escribírmelas, y seguro que llegamos a  la conclusión, que esta mágica estación está  llena de colores, de olores y de sabores. 

Vamos a sumergirnos en ella y a dejarnos mecer por ese viento atrevido, y ¿por qué no?, desnudémonos también nosotros y tiremos todas esas hojas muertas, que solo nos sirven para impedir que volemos libremente.

sábado, 17 de septiembre de 2016

¿QUE NO TE GUSTA LO QUE A MI ME GUSTA? ¡QUÉ RARO ERES!

Se nos llena la boca hablando de tolerancia, de igualdad y de respeto al prójimo. Creemos que nosotros no somos las típicas personas que intentan hacer que sus ideas o sus preferencias sean las mejores, pero…¿es verdad?

Yo soy también de las que va por la vida con los lemas: “Vive y deja vivir” “Haz y deja hacer”

Sin embargo, mis cimientos se me han venido abajo cuando me he visto a mí misma, queriendo “imponer” mis gustos, ya no a otro ser humano, que podría haberse defendido argumentando sus teorías, si no a un trozo de pan de 34 kilos y ladrido imponente.

¡Que no, que no y que no!
Una de mis ilusiones, estando de vacaciones, era que mi querida Nina por fin conociera el mar. 

Tenía hasta una película mental formada: viéndola a ella acercarse a la orilla, quedándose enamorada de aquel azul inmenso que tendría ante sus asombrados ojos, y empezando a jugar con unas olas traviesas que se le acercarían  mojándole las enormes patas.

Estaba convencida que le haría los mil y un vídeos corriendo por la fina arena, feliz y emocionada.

Pensaba llenar Facebook y Twitter de fotos suyas metiéndose  en el agua y saliendo, cual sirena, agitándose y salpicando de gotas a todo el que se encontrara a veinte kilómetros a la redonda.

Bueno....el mar visto así, ¡aún!
Pero la realidad, ha sido otra. La única foto que he conseguido ha sido una, sujetándola con todas mis fuerzas, casi como si fuera un caballo desbocado

¡Es lo que hay! A mí me gusta el mar, a Nina no. A mí me hechizan las olas, a ella le producen pánico. A mí me relaja el ruido producido cuando chocan contra la orilla, a ella le da ganas de echar a correr y no parar hasta Segovia.

He de reconocer que me siento un poco frustrada y triste, y ¿por qué? pues porque, una vez más, pienso absurdamente, y quizás pecando un poco de soberbia, que todo lo que a mí me entusiasma (que son muchas cosas) a los demás también tiene que entusiasmar.

¿Cómo es posible que ésto tan bonito a ti te deje indiferente? Pues queridos amigos (y querida yo), porque para gustos se hicieron los colores.

Y pienso: si no somos tolerantes en estas pequeñas cosas, ¿lo seremos en las grandes?


¡Vaya.......!
Un beso a todos y… tranquilos, que no me enfadaré si no os gusta esta publicación. ¿O sí?

Por cierto, Maià sigue disfrutando a pie de playa de las algas y las pequeñas conchitas. El otro día, una ola atrevida (como diría aquella canción de Peret) le mojó hasta la barriga y ante mis risas y algarabías, se me quedó mirando con cara de mala leche y solo le faltó decir: "No le veo la gracia"

sábado, 10 de septiembre de 2016

QUE...¿PARA QUÉ QUIERO MIS VACACIONES?

A partir de mañana....cambio de look
Para ir paseando por la playa, o estar escribiendo en el porche, o tomándome una cerveza en el jardín y de repente, achicar los ojos  y pensar: ¿Qué hora debe ser?

Para ir caminando por la calle y decirme a mi misma: ¡Hey!, echa el freno Magdaleno, ¿dónde vas tan corriendo?, que no tienes ninguna prisa…..

Para estar delante de un maravilloso huevo frito con patatas fritas (¡ummmmm que rico!), y lenta, muy lentamente aplastar un trozo de pan (pero de pan, pan, no de goma), en la yema hasta que haga ¡plaf!, y se impregne de ella y casi, como si fuera un ritual japonés, metérmelo en la boca y saborearlo como el mejor de los manjares. Y no hacer ¡glub! y en un segundo comerme la yema, la clara, las patatas y hasta el postre, porque….. he de volver al trabajo y no tengo tiempo.

Para despertarme a las cinco de la mañana y, por puro morbo, mirar el reloj del móvil que tendré descansando en la mesilla, y dejar asomar una triunfal sonrisa al acordarme que, no es que me falten tres cuartos de hora para levantarme, si no que me falta…..¡lo que me de la gana! (o mis perras me permitan)

Para ir al pueblo o al barrio de pescadores y entrar en todas las tiendas y tiendecitas que me vaya encontrando (posiblemente para no comprar nada), por el puro placer de meterme en ellas y fisgonear, y cuando la dependienta me diga: ¿Puedo ayudarla en algo?, con la mejor de mis sonrisas contestarle: “Gracias, solo estoy mirando”

Para comerme ese helado que tanto me habrá costado elegir,  mientras me vienen a la memoria recuerdos de infancia cuando, como ahora, luchaba por comerme el cucurucho de barquillo antes que empezara a gotear la bola de limón, o de tuttifrutti (cosa, imposible, por otro lado)

Para volverme a reencontrar con ese querido mar que, aun teniéndolo relativamente cerca, llevamos casi un año separados. Y pasear despacio, jugando con el agua, dejando la mente en blanco, hipnotizada con el ir y venir de unas olas que, curiosas,  se acercarán a mí para ver cuánto he envejecido en doce meses.

Para ver las noticias de pactos, de traiciones, de ambición, de sufrimientos o de muertes, como si estuviera mirándolas con unos prismáticos al revés que me hicieran verlas pequeñas, muy pequeñas.

Para poderme dar el regalo de levantarme pronto, nada más que para ver amanecer, o sentarme en la arena, siendo espectadora de primera fila, cuando el sol, ya cansado de tantas horas aguantando a la “humanidad”, le ceda el testigo a su amiga la Luna y se vaya a descansar.
Espero volver a disfrutar de un atardecer como este

Para poder dedicar todo el tiempo que merecen, a mis dos compañeras de fatigas, y disfrutar viendo como, también ellas, se enamoran de las olas (veremos Nina como reacciona ante el mar)

Y para esperar que vengan las musas a visitarme, sin meterles prisa, sin decirles que casi no tengo tiempo de recibirlas, o que …¡lo siento pero, me estoy cayendo de sueño!

Me gusta escribir, disfruto haciéndolo, me sigue alucinando empezar un escrito y no saber casi nunca como lo voy a acabar. Adoro a todos mis personajes y soy también muy feliz sabiendo que mis historias son compartidas con cientos de personas que, semana tras semana, me van siguiendo fielmente en el blog, pero, como dije en una publicación, tengo ganas de, al menos unos días, dedicarme el maravilloso placer de: "Non fare niente". Un beso grande a todos. 

sábado, 3 de septiembre de 2016

PERO… ¿POR QUÉ HAY QUE GRITAR TANTOOOOOOOOOOO?


Ya sé que estamos en un país mediterráneo; en un país de  tierra “caliente”; con un carácter abierto (¿?), pero… ¿es necesario decirlo todo a grito pelado?

Yo creo que el volumen que se utiliza para comunicarse con el resto de la humanidad, es proporcional a la educación y al respeto que se le tenga.

A mí que me importa que a tu amiga le hayan puesto los cuernos, o que tu marido tenga almorranas.

¿Por qué tengo que escuchar tu conversación de móvil sí o sí? ¿Por qué tengo que sentirme incómoda al ser espectadora de primera fila (sin quererlo) de tu pelea con tu novia, o con tu amigo, o con tu madre?

¿Por qué tengo que sentir vergüenza ajena ante los comentarios que hagas de cómo te lo has pasado la noche anterior con tu ligue de turno? Y eso, si no escucho ambas conversaciones a la vez, porque a veces el volumen del móvil está tan alto, que se oye perfectamente lo que van contestando al otro lado de las ondas (también está la cómoda modalidad del manos libres)

¿Por qué si estoy tomando tranquilamente una tónica en una terraza, hablando con un amigo, he de hacer un enorme esfuerzo para escucharlo a él y no al grupo que tengo al lado que, a medida que van llegando más cervezas a la mesa, más van subiendo el volumen y exagerando las risas?

¿Por qué en el metro he de dejar de leer un libro que me gusta porque la persona que tengo sentada a mi derecha está de animada charla, no con otra persona que tenga sentada a su lado, o se  haya quedado de pie delante de ella, ¡no,no,no!…. si no con una que está sentada enfrente, y ni tan siquiera en la misma línea, si no en el otro córner? Y lo que más me jjj……., joroba, es que son conversaciones estúpidas y vacías, de aquellas de hablar por no callar.

¿Por qué tengo que ver interrumpido mi sueño, sobretodo en verano, que tienes las ventanas abiertas para no amanecer hecho un charco al día siguiente, porque unos matrimonios con niños, o parejas con amigos hayan decidido que todavía no es hora de irse a dormir, aunque ya sean las dos de la madrugada? ¿Por qué tengo que ser partícipe de sus interminables despedidas a todo volumen?

¡Bueno!……, ¡Hala! ¡Venga!, ja,ja,ja

¿Por qué tengo que despertarme media hora antes de mi hora, o una o dos horas antes (en un añorado fin de semana), porque a unos dueños de perros madrugadores se les ocurre hablar como si fueran las seis de la tarde, permitiendo que sus respectivos animales, ladren todo lo que les dé la gana?

¿Por qué esa falta absoluta de civismo? “Yo no me he acostado todavía… ¡que nadie duerma. Yo me he levantado… ¡Todo el mundo arriba! Y lo peor de todo, es que las personas que les importan un pito los demás, ni siquiera tienen la conciencia de molestar. ¿¿¿Existe alguien más a aparte de "yo"????

Sin hablar, por supuesto, de lo que te pueden llegar a amargar el exceso de decibelios humanos, en una comida, o una cena en un restaurante, y aquí, una vez más, el binomio:  alcohol- escándalo van de la mano.

Presumimos de ser europeos, de ser ciudadanos del mundo, de que en España somos diferentes y somos los mejores, los más simpáticos, los más divertidos…… Qué lástima que, de lo único que podamos presumir (a veces), sea de que rápidamente se nos identifique en los aviones, o en los hoteles, o en los museos, o en las visitas guiadas, no por nuestra simpatía, si no por la poca educación que demostramos al creernos que somos: “El ombligo del mundo”.


Por cierto, hace años luz que dejé la escuela y no estoy demasiado familiarizada con las nuevas enseñanzas, pero ¿hay alguna asignatura, o crédito o como se llame, que inculque a los niños desde pequeños el respeto acústico?