sábado, 28 de mayo de 2016

LA OPINIÓN DE MI HERMANA

   Hoy estoy de celebración: ésta es la publicación número 40, de un blog que empecé a finales del verano, simplemente como algo experimental, pensando que no lo leería casi nadie o que a nadie le importaría. 

   El que cada vez más amigos me digan que están esperando el sábado para ver qué publico, o que se intenten poner en contacto conmigo personas totalmente desconocidas, para hacerme saber que son seguidoras del blog, o la ilusión de leer vuestros comentarios, me llena de alegría y de orgullo.
   Por eso, esta publicación especial, quería dedicársela a una persona también muy especial para mí; la más especial y la más importante en mi vida: "Mi hermana" (aquí es cuando seguro que ella se cabrea, porque no le gusta nada que la saque del anonimato). Para los que todavía no lo sabéis, ella es la diseñadora de la portada de mi segundo libro El Cascabel (ahora ya me mata directamente).
   Mi hermana y yo somos totalmente diferentes: en físico, en carácter, en gustos, en la manera de vivir la vida…  Somos dos hermanas que sabemos siempre que estamos ahí, pero que nunca invadimos nuestros espacios. Mi hermana es esa persona que me sigue haciendo sentir niña. Ante ella siempre he sido, sigo siendo y seré: “la pequeña”. 

   Llevaba días diciéndole que le iba a dejar para que leyera, la primera parte de mi nueva novela. Le hablaba de los personajes y de algunas situaciones, pero nunca encontraba el momento de dársela. En el fondo había, como es lógico, el temor a encontrar una crítica adversa a lo que ya me lleva robadas muchas horas.

   El día que hice la presentación en Sant Boi me preguntó: “¿No me has traído la novela?", y yo, casi de forma apática, como aquella que no le da ninguna importancia y que ni me acordaba del tema..... le contesté: “¡Ah sí!, la llevo en la maleta con los libros” ¡Ohhhh!
   Al acabar la presentación, mientras me hacía las fotos de rigor y recibía las felicitaciones de los asistentes,  vi que se sentaba y comenzaba a leer las primeras páginas. Yo la miraba por el rabillo del ojo, esperando encontrar ya alguna reacción. Una estupidez por mi parte: primero porque no puede haber ningún tipo de gesto, ni para bien ni para mal, simplemente leyendo cuatro líneas, y segundo porque mi hermana, aunque auténtica riojana de pura cepa por nacimiento, es húngara de expresión, y difícilmente dejará traslucir sus sentimientos (no siempre, claro)
   A partir de ese día esperaba sus whatssaps deseando tener ya algún comentario. Los fui recibiendo a cuenta gotas, pero desde el primer momento supe que le estaba gustando. Mi hermana no disimula, ni se va por las ramas; mi hermana si te tiene que decir que algo es una mierda, te lo dice (con educación, naturalmente, porque para eso fuimos las dos a un buen colegio de monjas).
¡Guapos!
   Por esa sinceridad, porque sé que lo que ella me diga es única y exclusivamente por mi bien, porque es una mujer culta, y porque es mi hermana y me quiere, y con eso queda dicho todo,  cuando me confirmó que le había gustado mucho, con una sola observación, que como comprenderéis no os la voy a decir, me sentí la mujer más feliz del mundo.
   Me gusta escribir. Cada  vez me gusta más y creo que he encontrado un camino maravilloso para realizarme como persona.
   La nueva novela, de la que todavía falta mucho (tal vez para finales de año pueda estar acabada), es la historia de Paula, una joven abogada de gran ciudad. Un misterioso mensaje enviado a ella y sus hermanos por parte de su abuela (el ser que más daño le ha causado en su vida), la obligará  a reencontrarse con su pasado, volviendo a Bexonte, una aldea perdida, en la Galicia más profunda.
   Es una novela en donde se mezclan, como en vida: seres maravillosos, seres detestables; personajes blancos, personajes negros, amor, misterio, inocencia, deseo, desesperación, esperanza....
   Os adelanto el momento en que Paula, llega a esta maldita aldea de: ¡Bexonte!
Aparcó el coche delante del portón y se decidió a no salir hasta que alguien diera señales de vida.

- Solo falta que me tenga media hora delante de la puerta, diluviando como está. Si no sale ya, doy media vuelva y me largo. No cambia esa malnacida. Siempre en plan protagonista. Siempre queriendo dirigir la vida de todo el mundo.

Al cabo de unos minutos, el sonido de un cerrojo deslizándose torpemente por una barra que estaba pidiendo a gritos ser engrasada, rompió el silencio de la noche. A Paula el corazón se le disparó. Sabía que tras ese ruidoso cerrojo estaba la mano de ella. Ya había decidido que era la hora de hacer su aparición estelar. Ya la había hecho esperar bastante……

Cuando por fin se abrió la puerta, la luz que se proyectaba desde interior de la casa, creó un efecto casi fantasmagórico en la imagen de una pequeña figura, que apareció cruzándose una mañanita para protegerse del frío y la humedad. En ese momento, Paula abrió la portezuela de su coche, y finalmente, después de tantos años, volvió a pisar el suelo de Bexonte.

Un beso Nuri.

sábado, 21 de mayo de 2016

LA ALEGRÍA DEL AMIGO VENCEDOR

La amistad no se fragua con los años. Puedes pasar toda la vida al lado de una persona y jamás considerarla tu amiga, y puedes acabar de conocer a otra y darte cuenta que, en aquel momento, algo acaba de nacer.
A principios del verano pasado, se colocó un día delante de mi mesa en el trabajo y me dijo: “Ya sé que has escrito un libro: quiero uno”
Yo no lo conocía más que de vista, porque, aunque era de mi empresa, hacía relativamente poco que estábamos todos en el mismo edificio, y a veces ocurre como con los vecinos, que si no coincides en los horarios o en las reuniones de comités/comunidades, pueden pasar meses sin volver a saludar a aquella persona.
A finales de agosto me sorprendió un mail que recibí con este asunto: “Buenos días y un agradecimiento”. Era él que me agradecía los maravillosos momentos que, junto con su esposa, habían pasado leyendo Maià y Capi.
A partir de ahí “descubrí” a Francesc.
Su forma de escribir, de expresarse, de transmitir energía, hacía que cada vez que recibía sus mails, asomara una sonrisa a mis labios y, generalmente, engordara algún kilo por las bellas palabras que me dirigía.
Tenía una gran ilusión en que viniera a la presentación de El Cascabel, precisamente en nuestro trabajo el 16 de diciembre, pero para entonces, una recaída en su enfermedad se lo impidió.
En la época de las prisas, de los mensajes reducidos a signos, de los whatsApps, en donde unos estúpidos emoticonos sustituyen a las palabras que indican tus estados de ánimo, volver a las relaciones “epistolares” es una gozada.
Francesc me iba informando, con toda la frecuencia que sus fuerzas se lo permitían, de cómo se encontraba. Durante los seis meses de lucha, de pruebas, de diagnósticos y de intervenciones, jamás dejó que sus mails pudieran traslucir tristezas, o miedos o pesimismos. Sus escritos eran dignos de encuadernarlos y publicarlos como un maravilloso libro de auto-ayuda.
Cuando el amor es de verdad.......
Pero en su difícil caminar no estaba solo. Detrás de Francesc hay una historia de amor de aquellas que se catalogan como: “De película”
Un divorcio; un viaje con unos amigos para sacudirse las penas: ¿a Islandia o a Cuba? pues ¡vámonos para Cuba! decidió con poco entusiasmo. Un país que lo enamora, y un regalo que el destino le tenía preparado al doblar la esquina: Una bella, inteligente y extraordinaria doctora, que a través de sus increíbles ojos verdes, lo hechizó.
Un apasionado idilio, alimentado por cientos de cartas atravesando una otra vez mares y océanos; una íntima boda cubana, y ocho años de dura separación obligada por las circunstancias políticas. Ocho años como ocho losas. Ocho años que pudieron soportarse gracias a los viajes esporádicos de Francesc desde España y a unos correos electrónicos que, casi en la clandestinidad, se enviaban con la complicidad de un amigo extranjero (Internet estaba prohibido para los cubanos) Y de vez en cuando, la alegría de sentir sus voces (a 1 euro el minuto). Pero, ¡que mas daba!, necesitaban saber el uno del otro. Necesitaban consuelo para esas dos almas que  sangraban de melancolía.
Tuvo que ser un día lleno luz y de flores como Sant Jordi, el que, a un apesadumbrado Francesc que paseaba mirando con nostalgia  las calles repletas de enamorados cogidos de la mano, le trajera la llamada que tanto tiempo llevaba esperando: Janet emocionada le confirmaba: “Ya me dejan marchar”
La misma Janet que le ha ayudado, con sus conocimientos y con su infinito amor, a sobrellevar una etapa dura y difícil. Esa clase de etapas que la vida, de vez en cuando, te lanza para poner a prueba tu capacidad de aguante.

Francesc me ha ido siguiendo en todos estos meses y ha estado puntualmente informado de mis presentaciones y novedades, y, sobretodo, ha sido (y espero que así siga, aunque ahora tendrá menos tiempo) un fiel seguidor de mi blog, regalándome sus comentarios y cargándome la autoestima.
El jueves por la mañana cuando volvía al trabajo, después de tomar café, mis compañeras Carol y Olga me dijeron con aire misterioso: “Tienes una sorpresa en la mesa” y cuando entré en mi departamento, vi una nota amarilla que ponía: “Llama a Francesc” y un número, que ya no era exterior, si no que era un número interno de la empresa: el teléfono de un compañero en activo.
Ni que decir tiene la alegría inmensa que me produjo este pequeño papel. A los diez minutos estaba abrazando a un Francesc pletórico, feliz, sonriente y “vencedor”. Había ganado la batalla.
Mi querido amigo, gracias por tu cariño, por tu optimismo, por tu lección de cómo hay que afrontar la vida y por hacerme sentir una persona importante. Un beso enorme para Janet y para ti.

sábado, 14 de mayo de 2016

! QUÉ BIEN SE ESTÁ SIN SER NADIE !

¿Como podrán dormir tan tranquilos? Es algo que me tiene intrigadisima  y que cuando, alguna vez lanzo la pregunta al aire, casi siempre la respuesta que me suelen dar es la misma: “Deben tener otro baremo de la decencia”
¡MADRE MIA, SI YA NO CABEN!

Pero yo sigo pensando…  las personas que saben que han cometido un delito: que han estafado, robado, sobornado o prevaricado; que ven que su “compa de pupitre” ya ha sido pillado; que su “amiguete de Pádel” la semana que viene tiene un juicio; que a su hermano, sobrino, marido, etc,etc,etc, le van a abrir una investigación para saber de dónde ha sacado esos abultados ingresos (y que ellos sabe muy bien la procedencia)… a esas personas al irse a la cama, ¿no les vendrán mil y una pesadillas viéndose al día siguiente saliendo en los periódicos? ¿Pueden dormir a pierna suelta, después de haber estampado su firma en esos dudosos documentos, aunque haya sido hace muchos años? ¿Pueden descansar tranquilamente o irse de comilonas o al cine, o al fútbol, sabiendo que aquel compinche está con el agua al cuello y va a empezar a tirar de la manta, y el primero que se va a quedar con el culo al aire va a ser él? ¿Son tan sumamente estúpidos o endiosados o ignorantes que piensan: A los demás sí, pero a mí….?
Yo debo ser, ya no muy honrada, si no idiota integral, porque cuando alguna vez me he metido en la cama con alguna “deuda” pendiente, no de dinero (gracias a Dios nunca he debido nada a nadie, en el concepto de "nadie" no incluyo a los Bancos, claro está), sino con algún  problema que se me haya quedado sin resolver en el trabajo, ese tipo de problemas que sabes que te estará esperando en la puerta cuando llegues, o con ese ru-cu-ru-cu de pensar que al día siguiente tienes que hablar con alguien de algo que no le va a gustar, o que, por alguna equivocación que hayas podido tener, te van a llamar la atención…. no pego ojo en toda la noche. Vueltas y más vueltas, sueños extraños, y, en el fondo, ganas que llegue el momento para coger al toro por los cuernos y que pase pronto el mal rato.
Si yo supiera que he cometido algún delito grande, aunque pudiera darse el caso (aquí es donde entra mi lado samaritano), que en el momento de hacerlo pensara que era una actuación normal porque todos, absolutamente todos los que me rodeaban la hacían,  y que mi nombre podría salir a la palestra asociado a un hecho delictivo, o que de un momento a otro me iban a pedir explicaciones de algo que no sabría como justificar, porque la defensa de: “El otro también lo hacía” ya no vale…. Me daba un patatús.
Ambición, dinero fácil: ¡Poder! ¡Poder! ¡Poder!
Cuántas veces me acuerdo de una frase que siempre decía mi madre: “Hija, ¡qué bien se está sin ser nadie!”

viernes, 6 de mayo de 2016

AÑORANTE DE NO AÑORAR


¿Cuándo fue la última vez que estuve enamorada? ¿Cuándo di o me dieron el último beso? ¿A quién?
El otro día me llamó la hija adolescente de una amiga mía. Esas hijas que tienen casi más confianza conmigo que sus madres y que las he ido adoptando a lo largo de la vida.
Estaba nerviosa, excitada, exultante, pletórica, tenía que contarme urgentemente, que el chico que tanto le gustaba desde hacía mucho tiempo, el hombre de su vida (afirmó categórica) le había dicho que también a él le gustaba ella.
Fue casi una hora de un apasionado monólogo, en donde solo pude ir balbuceando algún monosílabo, alguna admiración y más de una carcajada.
Mi vestido talismán
A medida que la escuchaba iba recordando, con cierta nostalgia, las veces que yo había sentido esas mismas montañas rusas de emociones y de vértigos.
A lo largo de esa hora, me fueron apareciendo amores y desamores, alegrías y penas, felicidad y sufrimiento, en definitiva… ¡el amor!
Me acordé de momentos maravillosos, ¡mágicos!, donde no me hubiera importado que la vida se hubiera acabado ahí mismo. El punto final fundidos en un abrazo.
Volví a revivir escenas de auténtica locura: nada ni nadie importaba. El mundo desaparecía.
Explosiones de pasión y deseo, de gozos y sombras, de éxtasis y miedos.
Cuando me aseguraba que si la dejaba de querer algún día, ella se moriría, rememoré las veces que yo “me morí” de amor. Esa nube negra que cubre todos tus cielos, ese pensar que tu corazón no va a aguantar tanto dolor, ese pedir que no haya un mañana porque no vas a poder resistirlo si no está a tu lado.
Ese no escuchar a nadie cuando te dicen, una y otra vez,  las mismas frases, con un convencimiento que no hace más que aumentar tu desesperación.  ¿Qué sabrán ellos?,  ¿no ven que me muero?

  • Venga hija, tranquila que ya vendrá otro
  • Ahora tienes que salir y conocer más chicos
  • Ya te dije que no era de fiar, no me gustaba para ti
  • Ya verás como de aquí nada ni te acuerdas de el
  • Un clavo quita a otro clavo…..
Y es que el amor es: arriba y abajo, darte la vida y quitártela, ir riendo por la calle, como una lela, al recordar una frase o una caricia, o ir llorando y gritando en medio de una ciudad, que para ti se ha quedado vacía, por un olvido o una indiferencia de ese ser al que tanto querías.
Al final de todo, ya casi cuando nos despediamos, se excusó de que solo hubiera hablado ella, me preguntó qué tal estaba yo y al decirle que muy bien (la verdad), y feliz de verla tan enamorada, me dijo: 

  • Tú también estás enamorada ¿verdad Ali?
Tardé unos segundos en contestarle haciendo un rápido y exhaustivo repaso de mis sentimientos y le respondí muy sinceramente.

  • No cariño, hace tiempo que no
  • Entonces... (no la vi, pero estoy segura que en aquel momento tenía sus preciosos ojos color miel completamente abiertos de asombro), ¿cómo puedes decir que estás bien?
Me reí, y no se me ocurrió ningún argumento, lo suficientemente consistente, para convencer a una adolescente con todas las hormonas en plena efervescencia, así que simplemente le  respondí.

  • Porque lo estoy.
Será la edad, será lo mucho ya vivido, será que hay muchísimas otras cosas que me llenan, será que la amistad de mi gente no la cambio por ninguna relación que me complique la vida, será, será, será…
No añoro estar enamorada, pero a veces...  si añoro, añorar que lo estuve.