sábado, 31 de diciembre de 2016

EN EL 2000… ¿QUÉ AÑOS TENDRÉ?


Me parece mentira que hayan pasado tantos años desde que me hacía, llena de curiosidad y de intriga, esta pregunta cuando todavía esa mágica fecha la veía tan lejana.

Creíamos que a partir de ese año todo iba a ser diferente. Poco menos que iríamos por la calle flotando, los robots nos lo harían absolutamente todo, y el mundo sería mejor……..

Ahora que estamos a unas poquitas horas para que todos nos coloquemos delante de los televisores (cada uno fiel a  su cadena) con las uvas en el plato, el cava en la copa y un montón de sortilegios y amuletos rondando por la mesa para asegurarnos que entraremos con buen pie en el 2017, me siento un poco estafada.

Quitando las nuevas tecnologías que nos hacen  más agradable y más cómoda la vida (a los afortunados que podemos pagarlas) y los grandes avances y descubrimientos científicos/médicos (para los afortunados que podemos beneficiarnos de ellos) ¿qué ha traído de bueno el cambio de siglo?

Aunque hoy más que nunca es el día de echar la vista atrás y hacer balances, quiero pensar en el futuro. 

Voy a hacer dos  listas (hacedla también vosotros). Una  con 5 cosas buenas que me hayan pasado este año. 5 cosas que destacaría porque me han proporcionado alegría, o satisfacción o simplemente paz. Y otra con 5  cosas buenas que le pido al nuevo año y que intentaré poner todo mi empeño en conseguir que así sea.

No busquemos cosas extraordinarias porque generalmente no las vamos a encontrar. Ese momento de felicidad es tuyo y solo tuyo. En el fondo el ser humano no deja de ser un alma solitaria y, lo que para ti puede ser un motivo de enorme alegría o tristeza, para otro puede pasar desapercibido.

En el 2017 me gustaría seguir teniendo salud y, por supuesto, que los míos también la tengan. Seguir escribiendo y acabar el tercer libro, deseando que tuviera tanta aceptación como los dos anteriores; Seguir estando rodeada de mi familia y mis amigos ; seguir en mi trabajo, aunque ya le voy viendo las orejitas a esa anhelada pre-jubilación; seguir disfrutando de mis perras y poder dedicarles más tiempo (más cariño es imposible)  y sobretodo, seguir acostándome por la noche con la ilusión de que: “mañana puede ser un gran día”.

¿Os habéis dado cuenta del común denominador de mis peticiones al nuevo año que ya se está encajando en la barriga de su mamá? ¡Seguir!  En realidad no puedo pedir nada más. Sería injusto no dar gracias por todo lo que tengo. Y si a alguno de vosotros le parece que su vida es un asco…. que abra las páginas de cualquier periódico o se espere a la cabecera de cualquier noticiario.

Desde mi zona de confort, desde mi casa: acogedora, calentita, con luz, con mi nevera repleta de comida, con mi armario a rebosar de ropa (mucha de la cual posiblemente no me ponga), con mi cómodo sofá desde donde puedo mirar hacia arriba sin temor a que el techo se me caiga encima.....


....Desde mi barrio por el puedo pasear tranquilamente sin el miedo a que una bomba me destroce en el momento menos pensado. Desde mi ciudad que sigue creciendo orgullosa de sus monumentos y sus casas que desafían confiadas al tiempo; desde mi país que ve las guerras a miles de kilómetros y sigue siendo el sueño de millones de personas que lo ven como el paraíso al que hay que llegar sea como sea (aunque les vaya la vida en ello….) os deseo de todo corazón un feliz 2017. Que lo malo dé paso a lo bueno y que lo bueno nos siga acompañando.

Gracias por compartir el 2016 conmigo y gracias por ayudarme a que este blog, que es vuestro, siga creciendo.

Un beso muy grande. 

viernes, 23 de diciembre de 2016

EL CUENTO DE LA ANCIANA QUE DORMÍA EN NAVIDAD


 Érase una vez que se era…..

El ratoncito Roquefort estaba muy contento: Iba a celebrar su segunda Navidad.

Siempre veía la vida de color de rosa. Todo le asombraba y le entusiasmaba. Su  mamá siempre le decía que vivía en un mundo de fantasía y que la realidad no era así, pero él le sonreía, le tiraba un poco de los bigotes y salía corriendo silbando alguna cancioncilla.

Recorría todos los pisos curioseando cómo se iban preparando para esos días tan maravillosos. Le llamaba mucho la atención que cuanto más sencillo eran los hogares con más ilusión los decoraban.

 Como siempre acababa su tour navideño en el entresuelo segunda, la única casa donde no había ni una sola bola, ni una sola guirnalda: la casa de Doña Aurora.

Roquefort le tenía muchísimo cariño pero a la vez le daba mucha pena. Durante todo el año era una persona amable, alegre, conversadora y siempre con una bella sonrisa en los labios. Pero, a medida que se iba acercando la Navidad, comenzaba a cambiar. El ratoncito estaba convencido que hasta se hacía más pequeña. La luz que normalmente tenía en sus cansados ojos se iba apagando, y las palabras que salían de su boca eran cada vez más escasas.

Desde el día 24 de diciembre su puerta permanecía cerrada hasta el día 7 de enero. Nadie entraba y nadie salía. No se escuchaba ningún ruido. El silencio era absoluto, como si allí no viviera nadie o como si quien habitara en aquella casa durmiera durante todas las fiestas.

En su primera, Navidad Roquefort entró en su casa y se acercó al sillón donde descansaba la anciana que al verlo le sonrió.

Ø  ¿Quién eres tu pequeñín?
Ø  Me llamo Roquefort señora. Y usted ¿cómo se llama?
Ø  Aurora. Pero… no puedes estar aquí, te tienes que marchar a tu casita
Ø  Ya, ya, si solo he venido para saludarla. Son mis primeras navidades ¿sabe? ¿Le gusta a usted la Navidad?
Ø  No, por eso duermo. Me tomo una pastilla mágica y la Navidad desaparece de mi vida.
Ø  Pero…¿por qué? Si es muy bonita
Ø  Para mí ha dejado de serlo. ¡Adiós Roquefort!

Este año cuando entró por el agujerito secreto, se dio cuenta que un halo de infinita tristeza llenaba toda la casa.

La encontró igualmente sentada en su butaca. Lo miró y moviendo negativamente la cabeza de nuevo le sonrió.

Ø  Eres terco ¿eh? Sabes que no quiero que venga nadie.
Ø  No la voy a molestar. Solo quería saber si también este año….
Ø  Llevo meses soñando con este día.
Ø  ¿Ah sí….?

Roquefort comenzó a toser, estaba un poquito constipado.

Doña Aurora se levantó con mucha dificultad para traerle un dedal con un poco de agua. Él se subió en la butaca y atraído por la cajita que contenía la pastilla mágica se acercó a ella y la abrió. Sintió una punzada en su pequeño corazón y los ojos se le llenaron de lágrimas. La anciana llegó en ese momento y le recriminó, aunque con cariño, su curiosidad.

Ø  No tenías que haberla abierto. No es tuya. Eso está muy feo
Ø  Lo siento Doña Aurora, pero…. en la cajita….hay…dos pastillas mágicas
Ø  Lo sé pequeño, por eso deseo con todas mis fuerzas que llegue ya la medianoche. Será el momento de  tomármelas
Ø  Pero….. si toma dos pastillas mágicas….. ya nunca se despertará ¿verdad?
Ø  Verdad, pero seré feliz para siempre. Roquefort, no te preocupes, me voy a ir a un sitio maravilloso donde ya me están esperado todos mis seres queridos.
Ø  ¿Todos? ¿Se va a una casa más grande?
Ø  Mucho más grande.
Ø  ¡Vaaaaya! Y ¿ya no estará sola?
Ø  No, mi querido amiguito. Volveré a estar con mis padres, con mis hermanos, con mis abuelos…
Ø  ¿Abuelos? ¿Cómo puede tener abuelos? Los abuelos son muchiiiiisimo más mayores que los nietos y usted..
Ø  Ja,ja,ja. Roquefort, yo también fui niña una vez ¿sabes? No siempre he sido una anciana.

El ratoncito se quedó pensativo, no acababa de asimilar tanta información. No quería que Doña Aurora se marchara a la otra casa. Él la quería mucho y pensar que no la volvería a ver le hacía sentir algo muy extraño en el estómago. Como si le estuvieran apretando.

Ø  Nos vamos a quedar todos muy tristes, le dijo para intentar disuadirla. No entiendo por qué se quiere ir
Ø  Porque estoy muy, muy cansada. Tengo muchos años y el futuro me asusta. Ya no hay nada aquí que me retenga.
Ø  ¿Nada? Y ….¿si le traigo un trocito de pastel? Mis papás lo guardan para esta noche, pero puedo coger un pedacito y seguro que no les importa. Es de la pastelería de la plaza.
Ø  ¡Vaya, vaya! No tenéis mal gusto. Allí está todo muy rico.
Ø  Entonces ¿se lo traigo? Nos lo comemos juntos ¿vale?
Ø  No, no, gracias, pero….espera que tengo algo para ti. No te muevas y no te acerques más a la cajita ¿de acuerdo?
Ø  No me muevo

Mientras Doña Aurora se dirigía lentamente a la cocina Roquefort notó una especie de corriente de aire. No sabía de dónde venía. Era como cuando te soplan en la nuca. El ratoncito se volvió lentamente y sus ojos y su boca se abrieron  mientras intentaba tragar saliva. No le asustaban, pero le imponían un gran respeto. Allí estaba toda la familia de Doña Aurora que venía a llevársela a la gran casa. Eran personas con un semblante tranquilo y feliz que resplandecían como si llevaran una luz detrás.

Todos le sonrieron. Roquefort se armó de valor y fue hacia ellos.

Ø  ¿Ya? preguntó con tristeza

Cuando iban a responder afirmativamente, un tímido golpecito en la puerta de la entrada hizo que todos se giraran. La puerta se abrió dócilmente y en el umbral apareció la menuda figura de Hannia (la pequeña negrita del primero segunda) cogida de la mano de su madre. Ambas esbozaban una amplia sonrisa.  Con pasitos discretos se adentraron en el comedor. No vieron a los invitados que las miraban con curiosidad, pero sí a Roquefort que, contagiado por su simpatía, también les sonrió.

Ø  Hola Roquefort, le dijo la niña, ¿está Doña Aurora?
Ø  Sí….. ha ido a buscar una cosa para mí…. Hoy es su último …..
Ø  Venimos a decirle, le aclaró la madre con voz emocionada, que si quiere celebrar con nosotros la Nochebuena. Nos haría muy feliz que compartiera nuestra mesa. No habrá grandes lujos pero todo está hecho con mucho amor. Estamos muy lejos de nuestras familias y a ella le tenemos un gran afecto.
Ø  Y yo cuando estemos con ya con los dulces, le voy a bailar un baile de mi país. Llevo ensayándolo todo el día. Querrá venir ¿verdad? ¡Por favor, por favor!

El ratoncito en aquel mismo momento dejó de sentir la corriente de aire a su lado. Se volvió, miró hacia donde estaban los familiares de Doña Aurora y….¡Se habían ido! Quizás, no era todavía la hora.

Roquefort emocionado comenzó a bailar y a saltar. Cuando la anciana salió de la cocina con un gran trozo de rico queso, se tropezó con él. Sorprendida miró a la niña y a su madre quienes, sin palabras, le transmitieron  todo el cariño que tanto necesitaba.  

Dirigió la mirada hacia la cajita que contenía las pastillas mágicas, la cogió y la guardó en un cajón.

Ø  Este año ya no me va  hacer falta, dijo con una enorme sonrisa. ¿Verdad pequeño?

Y Roquefort, recordando una frase que siempre decía su mamá, se dirigió hacia su agujero secreto, lleno de alegría:

      "Mientras haya un solo ser que nos quiera, vale la pena vivir"

Y colorín, colorado, este cuento de Navidad….¡se ha acabado! 


Que seáis muy felices. 

sábado, 17 de diciembre de 2016

ESPAÑA…… ¿EL PAÍS SIN PERSONALIDAD?



Me da muchísima rabia que un país como España (en este saco meto a todos los pueblos, ciudades, autonomías o futuras naciones) que es tan rico en todo: historia, cultura (con universales escritores, pintores, músicos, actores, deportistas), belleza natural inigualable, gastronomía, tradiciones, folklore, etc,etc,etc. Uno de los países más deseados del planeta, con el que  sueñan millones de personas para venir a pasar unos inolvidables días, se haya convertido en un perrillo faldero de todo lo que venga de fuera, sobretodo, del país de las 50 estrellas.

Si en EEUU se celebra Halloween,  en España…. todos a disfrazarse de fantasmas  y a pasearse orgullosos por las calles vestidos de zombis. ¡A la porra con Todos los Santos o la Castañada o cualquier otra  costumbre centenaria!

"Bienvenido Mister Marshall" 
    Nunca ha estado más actual
Si en EEUU quieren empezar a comprar como locos el primer viernes después del cuarto jueves de noviembre, aquí, aunque en nuestra puñetera vida lo hayamos hecho, todo el mundo se pondrá a hablar del Black Friday como si fuera la cosa más normal del mundo y ¡pobre de ti! si te quedas con cara de póquer porque no tienes ni idea de que va el asunto. “Pero….¿no sabes lo que es el Black Friday….. o el Shopping Night... o el Cyber Monday…..? Porque, naturalmente no se puede decir: Viernes Negro o Noche de Compras, o Ciberlunes. ¡No, no, no!

Si en EEUU la figura emblemática de las Navidades es Papá Noel, nosotros no vamos a ser menos y….¡hasta en la sopa, con el muñequito barrigón! Solo cuando ya las fiestas están tocando a su fin y casi empezamos a quitar las bolas del árbol, nos damos cuenta que tenemos una fiesta nuestra, que consigue las miradas más maravillosas de los niños. ¿Hay algo más grande que las caritas de ilusión de los pequeños (y no tan pequeños) delante de las carrozas de sus Majestades?

¿Cuánto tardaremos en celebrar, con auténtica devoción, el Día de Acción de Gracias, y pondremos orgullosos encima de la mesa un enorme pavo asado?

Me parece fantástico que vayamos cogiendo cosas buenas de otras culturas o de otros países, pero…¡ COGIENDO NO CAMBIANDO!

¿Dónde está nuestra personalidad? ¿Por qué si un español va a Inglaterra, Francia o Alemania, se tiene que espabilar para preguntar por una calle (porque si no la dices en su idioma ni te miran), y aquí les acompañamos hasta el portal?

¿Por qué hay que hacer un alarde de tus conocimientos de inglés ¿¿¿¿???? dando todo tipo de explicaciones a unos turistas que ni siquiera se han tomado la molestia de aprender una sola palabra de español? ¿Para qué? ¡Buena gana!

¿Amabilidad o servilismo? ¿Realmente los españoles nos damos cuenta de lo que tenemos? ¿Nos hacemos valer? El ser un país turístico (todos sabemos que una de mayores entradas de ingreso vienen por esta vía), no justifica que tengamos que tener este complejo de inferioridad de pensar que todo lo que viene de los vecinos de arriba (de los de abajo no, ¡naturalmente!) es muchisimo mejor.

Me preocupa esa juventud que, como los monitos de feria, solo saben imitar lo que ven que hacen los demás. La juventud de ahora es, sin duda,  la mejor preparada de todos los tiempos, con las mejores herramientas y con toda la información que necesitan al alcance de la mano. Una juventud que no tendría que dejarse dominar por las absurdas modas foráneas y tendría que aprender a  vivir como a ella le apeteciera, sin necesidad de mirar en cada momento, lo que está ocurriendo a miles de kilómetros.

  En fin, mi brindis por nuestras tradiciones y por nuestra manera única de ser y de vivir. Eso sí, espero que EEUU no estornude la semana que viene, porque ya me veo a los españolitos cantando el “We wish you a merry Christmas” con el Frenadol en la copa de cava.


Un beso amigos y ¡ánimo que ya está aquí la Navidad!

sábado, 10 de diciembre de 2016

¿HOY VOY A TRABAJAR?


Sería absurdo no reconocer que llevaba tiempo esperando esta semana. ¡Que maravilla, dos días de fiesta! Fíjate que chulo: el lunes trabajo, el martes no, el miércoles sí, el jueves no, el viernes sí, el sábado no….

Pues tengo que deciros que me he encontrado muy, pero que muy despistada. No sabía por la noche qué día era al día siguiente. Me extrañaba poner la televisión y que apareciera Pasapalabra.  ¿En domingo? Será algún especial. “No querida, es que no es domingo: es martes”

Qué alegría para el cuerpo, como diría mi queridísima y admiradísima Lina Morgan, despertarme cuando solo faltan 15 minutos para que suene el despertador, dejar escapar un: ¡Ay no! y de repente, en un segundo de lucidez matutina, pararme a pensar y empezar a hacer trabajar las neuronas a toda máquina, con el gratificante resultado de su conclusión: ¡Que hoy es fiesta!

Pero da rabia porque….ya no se duerme igual. Cuando esas neuronas ya se han espabilado,  a ver quién las vuelve a meter en la cama.

¿Y si es al revés? Si miras de reojo ese despertador traicionero y al ver las 5:45 le sonríes burlona pensando: ¡no vas a sonar…. es fiesta! y una vocecilla maligna en tu interior te dice: “Pero, so boba, que hoy trabajas”  ¡Dios!

Los humanos…, bueno, todos los seres vivos, necesitamos una rutina. Necesitamos ese collar invisible que nos vaya guiando por el camino ya conocido de tanto andarlo y por el que nos sentimos, al menos, más seguros.

¿Qué vamos un poco programados? Puede ser. Pero, en ocasiones, cuando se rompe con esa rutina, cuando cortamos con la cadena de producción diaria, que no es otra cosa que hacer lo mismo día tras día, nos sentimos perdidos.

Yo deseo, como es lógico,  que llegue el día de fiesta, o el puente, o las vacaciones, pero muchas veces me agobio porque quiero aprovechar esas horas para hacer tantas cosas que me creo una obligación mucho mayor que si fuera a trabajar. La sensación, cuando después echo la vista atrás y me doy cuenta que, de todo lo que quería hacer, solo he conseguido una cuarta parte, es de haber perdido un fantástico día.

Todo esto lo digo bajito y así, entre nosotros (que no salga de aquí) porque si lo llegaran a  leer mis jefes seguro que me harían rápidamente una proposición, no se si indecente o no.

Ø Sra. Lakatos, en bien de su salud mental y estabilidad emocional, hemos decidido: que a partir de primero de año no va a volver a disfrutar de ningún día de fiesta (ni nacional, ni local), ni de fin de semana ni, muchísimo menos, de vacaciones. Por supuesto como somos una empresa, como usted, ejemplar, si en algún momento nota que está a punto de tirarse por la ventana venga y lo discutiremos. No el que se tire por la ventana, por supuesto, si no el darle algunas horas de asueto, bajo estrecha vigilancia médica.

No, mejor que no lo lean. Intentaré no exigir tanto a mis pobres festivos y simplemente para esos días especiales planearé disfrutar más de mi tiempo, pero tranquilamente, sin que mis neuronas se estresen demasiado, no sea que se pongan a trabajar como locas y me hagan desear que suene el  despertador.

 Hoy es sábado ¿no?   Un beso a todos.


sábado, 3 de diciembre de 2016

Y TÚ ¿QUÉ QUIERES SER DE MAYOR?


Ya estamos en el mes de los recuentos, de las promesas y de las expectativas. Ya nos estamos acercando a ese día crítico en que, entre uva y uva y campanada y campanada, vamos haciendo mentalmente una lista de todas las cosas que queremos hacer en el nuevo año.

¿Se habrán cumplido mis sueños?
Y eso sería lo ideal: mirar hacia el futuro. Lo malo es cuando en vez de ir hacia adelante vamos hacia atrás y comenzamos a pensar en lo queríamos ser y no hemos sido, en lo que queríamos hacer y no hemos hecho, en lo que soñábamos de niños y no hemos sido capaces de cumplirlo de mayores; en el mundo ideal que teníamos formado en nuestra inocente cabeza y el mundo real en que nos desenvolvemos, como buenamente podemos.

Para consuelo de una inmensa mayoría, pocos son los que logran ejercer de aquello que anhelaban en su infancia.

Es fácil, y hasta reconfortante en algunas ocasiones, regodearnos en nuestros propios fracasos.  ¡Qué mala suerte he tenido!  ¡Todo me ha salido mal! ¡Con lo que yo deseaba……..! ¡Con lo que yo he luchado para…..!

 No sé por qué extraña razón no nos cuesta nada coger un papel y un bolígrafo y empezar a anotar, en una  interminable lista, las cosas que no hemos alcanzado.

¿Por qué no nos paramos a pensar en las cosas que SI hemos conseguido a lo largo de nuestra vida y de las que nos tendríamos que sentir orgullosos? No hace falta que sean grandes logros. Y no hablo del orgullo por lo que consiguen los que queremos (rápidamente encontraremos motivos de orgullo en lo que ha hecho nuestro hijo, o nuestra hermana, o nuestro amigo), hablo de nuestras pequeñas o grandes hazañas.

¡Hay tanto por lo que sentirse orgulloso! Pero curiosamente, en muchas ocasiones cuando hacemos algo bien, tenemos la puñetera manía de quitarle mérito. Por falsa modestia o porque realmente pensamos que aquello no tiene ninguna importancia.

¡Qué bien te ha salido la paella para 50 personas y sin que nadie te ayudara? --  ¡Bah!,  si se hace en un pis-pas. El arroz es de los que no se pasan.

¡Enhorabuena! has aprobado el examen!-- ¡Bueno, si ha estado tirado!

¡Qué retrato tan bonito has pintado! -- Si son cuatro trazos….

Saber programar al detalle un viaje y luego ver los magníficos resultados; ser lo suficientemente fuerte como para dejar los dolores en  la puerta, apretar los dientes y ser el alma de esa fiesta de cumpleaños a la que con tanta ilusión te han invitado; tender la mano a tiempo para que tu amigo no se hunda; conseguir que todos los vecinos se pongan de acuerdo con tu propuesta….¡Qué sé yo!

Somos mucho más grandes de lo que nos imaginamos. De entrada, no hay nadie igual a nosotros. ¿Por qué el de al lado tiene que ser mejor?

 No me digáis que estáis buceando en vuestra vida y no encontráis motivos por los que poneros mas henchidos que un pavo real.  ¿Os doy ideas?

Orgullosos de ser honrados y meteros en la cama con la conciencia bien tranquila.

Orgullosos de no ir dejando enemigos por el camino.

Orgullosos de saber que por vuestra culpa no está sufriendo otra persona

Orgullosos de haber puesto vuestro granito de arena (sin publicidades) para una causa que consideráis justa.

Orgullosos de sacarle una sonrisa a esa persona enfundada en la tristeza.

Orgullosos de querer y que os quieran.

         Yo estoy más que orgullosa de teneros como amigos. De saber que en este mismo momento (ahorita mismo),  estáis leyendo la publicación que he escrito, precisamente para compartir con todos  vosotros.

Creo que hay varios días de diferentes “Orgullos”.  Tenemos que implantar un nuevo día de celebración: El día del orgullo de: “Soy como soy, y ¿qué pasa?”  ¡Vamos a buscar la fecha!


Un beso, bien orgulloso para todos. 

sábado, 26 de noviembre de 2016

CON LOS OJOS EN LAS MANOS



El martes estaba esperando que llegara mi metro, en una céntrica estación, y una chica se detuvo en una tienda de ropa que hay dentro de las instalaciones, ya en el andén. Esas pobres tiendas a las que solo se les hace caso  en el compás de un metro a otro. A veces veo cosas bonitas y siempre me digo lo mismo: “Un día de estos vengo con más tiempo y miro si hay algo que me guste” (nunca encuentro ese tiempo)

Era una chica alta, rubia y muy elegante que fue recibida con cariño por la dependienta. La chica se iba guiando con un bastón: era invidente.

Me chocó muchísimo porque comentó que iba a “mirar” ropa. La dependienta la cogió del brazo y delante de todo el género le fue explicando cómo era cada una de las prenda. Hubo un jersey de lana que le llamó la atención y se dirigieron expresamente hacia él. La dependienta lo descolgó del perchero y se lo acercó. La chica invidente lo fue examinando con las manos: con calma, centímetro a centímetro, y después con una gran sonrisa dijo: ¡Qué bonito!

Quise hacer la prueba por la noche en casa. Abrí mi armario de ropa, que me lo tengo más que conocido, cerré los ojos y al azar estiré la mano, cogí una percha y saqué, no la primera pieza que estaba colgada, porque podía ser más fácil adivinarla, si no la que había debajo (mi ropero no es un vestidor y varias prendas han de compartir, como buenas chicas, la misma percha) La toqué y retoqué, y me costó muchísimo descifrar cual era. ¿Sabéis por qué? porque con las manos yo estaba descubriendo cosas (tejidos, detalles) que con los ojos no me había percatado. Aquella pieza (una blusa) que yo intentaba reconocer, me la había comprado porque me había gustado su colorido y lo demás me había pasado casi desapercibido. El sentido del tacto me hizo descubrir una nueva blusa.

Hacer el experimento. Que alguien os dé cualquier objeto que tengáis en casa y que posiblemente lo estéis viendo cada día. A lo mejor os lleváis una sorpresa.

¿Cuántas cosas dejamos de apreciar por no ver….mas allá? Miramos sin ver. Pasamos la vista por todo sin enterarnos de lo que estamos viendo.

 Mi ignorancia me ha hecho preguntarme en alguna ocasión: ¿cómo puede saber una persona, que jamás ha visto, lo que es bonito y lo que no? La respuesta es bien sencilla: La belleza está dentro de nosotros. Ese jersey que tanto le entusiasmó a la chica invidente, seguro que tenía un tacto especial que a ella, en aquel momento, le ayudó a experimentar la sensación que tendría al rozarle su piel. ¡Sensaciones!  ¡Nada más!

¿Cuándo dejaremos de estar pendientes de los demás para hacer las cosas? ¿Cuando dejaremos de vestirnos, de comportarnos, hasta de vivir según los cánones de una sociedad absurda?

¿Quién es más libre, esa chica que se dejó llevar por la maravillosa suavidad del jersey o quien lo compra simplemente porque ese año es moda?

Hoy llevo una jersey negro calado con una camisa de color que sobresale por debajo. Me encuentro bien, ¡guapota! Esa misma camisa que asoma, hace unos años hubiera sido una horterada llevarla así. Seguro que alguien me habría dicho: “Se te ve la blusa”. ¿Y?

Que fantástico será el día que tengamos la suficiente personalidad como para hacer lo que nos dé la gana y lo que sintamos en el momento, sin estar esperando siempre la opinión o del veredicto de los demás.

Dicen que las personas a las que les falta algún sentido desarrollan mucho más el resto. ¡Curioso! A los que tenemos los cinco a base de querer tener seis nos quedamos en tres.

Hay tanto para: Ver….oír….saborear…..tocar….oler……. Busquemos el tiempo para pararnos delante de ellos y disfrutarlos al máximo. Que no sea el lema de nuestra vida la famosa frase de: "Solo te das cuenta de lo que vale cuando lo pierdes"

   
Muchos amigos me habeis dicho que os gusta cuando ilustro la publicación con algún vídeo de música. Cerrar los ojos y dejaros llevar por esta maravillosa aria de la ópera Adriana Lecouvreur (Cilea). Cuenta la historia de una gran diva del teatro  que reconoce ante su público, que la escucha ensimismado,  que ella es tan solo el humilde instrumento que hace llegar las palabras del Genio Creador a los corazones. "Mi voz es un soplo que muere cada mañana"

Esta está cantada por la mágica voz de una de las mejores sopranos de todos los tiempos: Mirella Freni.

Espero que os guste. Un beso a todos  



sábado, 19 de noviembre de 2016

LOS ABUELOS: ¿CANGUROS ……..VOLUNTARIOS?


Ya sabéis que me gusta compartir mis vivencias con vosotros. Os contaré tres casos de “abuelos canguros” con los que me encuentro, cada día, cuando salgo a pasear con mis perras, a primerísima hora de la mañana (para algunos todavía madrugada).

Desde hace casi tres años, sobre las 6:40 AM, veo de lejos un matrimonio de unos 65 años. Vienen caminando con paso lento. Nos solemos cruzar por el mismo sitio. Se les ve con más apariencia de entorno rural que de ciudad. En los días en que el termómetro marca  2 o 3 grados, ella va siempre cogida del brazo de su marido, con un gran bolso, gorro, bufanda tapándole hasta los ojos, guantes y una cara de mucho frio y mucho sueño. Él va un poco más ligero de ropa pero con la misma cara de sueño. Al principio yo calculaba: "Para encontrármelos a esta hora, ¿cuándo se han debido levantar? Mínimo a las 6". Un día que tenía fiesta los vi, sobre las 9 de la mañana, acompañando a un niño pequeño hasta la puerta del colegio.

Llevo más de un mes observando a otra pareja de abuelos (estos un pelín más jóvenes), que esperan en una esquina (bien abrigados)  la llegada de un coche. De él bajan los padres con dos niños pequeños y sus respectivos juguetes. ¡Hasta un patín! Cuando el coche se va y la mamá saca la cabeza por la ventanilla para lanzar un último: ¡Adioooooos cariños! los abuelos se meten en una casa próxima.

Y el otro caso es en una plaza por donde también realizo el paseo matutino: Un coche aparca, casi en la misma puerta, baja un chico al que recibe la madre que ya está en el portal, bien enfundada en su bata, y recoge a otro pequeño también con sus consabidos juguetes y bolsas.

Todos son ejemplos de abuelos canguros. Pero de abuelos canguros que, quizás, estarían soñando con la jubilación para poder levantarse a la hora que quisieran (que para eso se habían pasado media vida madrugando), o para ir más relajados o, simplemente,   para tomarse la vida con más tranquilidad.

¿En qué fatídico momento les dijeron a los hijos: “Si nos necesitáis…….?” O en qué ocasión, presos de una enajenación mental transitoria, les comentaron: “No vais a pagar un canguro para que os lleven a los chiquillos al colegio. Para eso estamos nosotros……..” ¿Habló la abuela en nombre del abuelo? ¿El abuelo el nombre de la abuela? ¿Estaban de acuerdo los dos? ¿Se vieron obligados?

Es extraordinario tener hijos y es extraordinario tener un trabajo pero, ¿qué culpa tienen los abuelos?

Yo jamás podré ponerme en su piel,  pero mi puñetero defecto de empatizar con todo el mundo, me hace pensar en la inmensa responsabilidad que les cae encima a estas personas. Ya no tienen ni los reflejos, ni la elasticidad, ni la salud, ni posiblemente las ganas, de cuando tenían cuarenta años menos. 

Seguro que la mayoría de ellos lo lleva con gran naturalidad y sin excesivas preocupaciones, pero habrá otros que sufrirán, y mucho, porque un niño es imprevisible y porque, a fin de cuentas, quienes los educan son sus padres.

A mí me gustaría que esta “necesidad” de padres que tienen algunos hijos, y ese encontrarlos tan válidos y tan maravillosos, les durase toda la vida.

Por desgracia, dado este mundo de vorágine, de prisas y de egoísmo, cada vez escuchamos más frases de auto convencimiento como: “¡Qué más quisiera yo que tener tiempo para ir a verlos,  pero es que no puedo…..”

Y es que, esos impagables abuelos canguros, valen….. ¡mientras valen!

Sé que para todos ellos (los que les obligan a ejercer y los que lo hacen libremente), los nietos son la mayor de las bendiciones. Solo tengo que observar la cara de mi prima Maria Fernanda, o de mi amiga Yolanda, o de tantos otros amigos (cada vez mas).   

Pero que disfruten de esos nietos yendo a buscarlos al colegio un día, o cuando  se los traigan a casa, o cuando se los queden toda una noche para que sus padres, ¡por fin!, puedan ir a cenar y a celebrar su aniversario de boda (seguro que será una noche mágica). O cuando se los dejen unas mini-vacaciones, porque ellos quieran, y estén esperando ilusionados poder dedicarles todo su tiempo y empaparse de ellos: de su alegría y de su vida.

Desde aquí, desde este pequeño rincón, cada vez con más habitantes, rindo mi mayor homenaje, con toda mi admiración y mi cariño, a esos seres que llevan toda la vida dándolo todo. La figura de los abuelos queda grabada a fuego en la memoria del niño. Con ellos se consigue muchas veces, esa complicidad que con los padres es más difícil.

Aunque los abuelos no sepan inglés y les cueste relacionarse con las nuevas tecnologías, tienen una sabiduría que, de mayor, te arrepientes de no haberla aprovechado al máximo.

       A mis queridos abuelos Rosita y Venancio. Me gustaría tener una varita mágica para poder retroceder en el tiempo y daros ese beso que, seguramente, porque creí que ibais a ser eternos, no os di.