sábado, 7 de octubre de 2017

¿NOS TOMAMOS UN RESPIRO?


¡Ay, latinos de sangre caliente:vehementes, viscerales y apasionados!

¡Ay, hombres y mujeres, siempre dispuestos para la batalla!

Pero, ante todo... ¡ay,benditas cabezas pensantes que intentan hacer valer el raciocinio, que puede apagar todos los fuegos!

A mis familiares, amigos, compañeros y conocidos; a todas esas personas que formáis parte de mi mundo, directa o indirectamente, os digo más que nunca: ¡Vamos a vivir la vida, que se la llevan!

Esta mañana, paseando con Nina por un recorrido entre las huertas que están a cinco minutos de mi casa, y que me consiguen desconectar de todo, me ha entrado una especie de “subidón”.  Se me ha llenado el corazón de energía y me he sentido muy pequeña, pero a la vez muy grande.

¿Me ha tocado la lotería? ¿Me he probado la falda del año pasado y me queda grande? ¿Ya nadie habla de política? No, no, amigos, simplemente me he dado cuenta que estaba vida.

¡Vaya chorrada!, pensaran algunos; vivos estamos todos. ¿Seguro? ¿Todos los que estamos vivos, estamos vivos? ¿Todos nos damos cuenta de lo que tenemos, de lo bueno que nos rodea, de los privilegios que nos acompañan desde que abrimos los ojos?

Para que, quizás, me entendáis mejor, os diré que el otoño, no es solo mi estación favorita, sino que es la estación donde renazco.

Mientras Nina disfrutaba yendo suelta y parándose un millón de veces ante cualquier cosa que le llamara la atención, yo iba llenándome los pulmones de “verde”.

He descubierto unas flores silvestre con el color lila más espectacular que he visto en mi vida. Os mandaré una foto.

Luego me he quedado fascinada con una especie de frutos, como minúsculos balones de rugby, con una apariencia terrorífica porque estaban rodeados de espinas, para que nadie los tocara, pero que si lo haces te das cuenta que son espinas blanditas que no pinchan. El pobre fruto tiene miedo que le hagan daño y se protege, pero necesita una caricia. (Como tantos seres humanos)

Y después me he vuelto a encontrar con  unas plantas muy, muy altas y flexibles que están a ambos lados del camino, y que cuando hace viento se inclinan, casi hasta tocar el suelo, en una especie de saludo, al que yo siempre le correspondo con un: ¡Graaaacias!, y Nina con una medio estampida, porque todavía tiene miedo.

Amigos ¡estoy viva! ¡Estamos vivos!

       Podemos ver, oír, andar, tocar, saborear, oler. Podemos pensar, y nosotros, y solamente nosotros, somos dueños de nuestras emociones, y solo nosotros decidimos si seguimos almacenando odio, rencor y frustraciones, o nos abrimos y damos a manos llenas todo el amor que llevamos dentro.


Es sábado, en este momento el sol entra hasta el comedor de mi casa, mis dos “muchachas” están durmiendo relajadas después de sus paseos, y yo estoy escuchando algo que quiero compartir con vosotros.

Es una de las arias de ópera más célebres, y creo que la más corta: Amor ti vieta, de Fedora (Giordano), cantada por la voz, para mí, más extraordinaria que ha habido: Jaume Aragall.

El aria viene a decir que, a veces en el amor, los labios callan lo que los ojos hablan.

      Un abrazo otoñal a todos.  

3 comentarios:

  1. Que bien descrito, es un himno a la vida a la alegría de vivirla y un pensamiento para todos nosotr@s que tenemos que disfrutar de las pequeñas cosas y dejar a un lado lo superfluo, para de esta manera poder ser feliz

    Muchas gracias Alicia por compartir con nosotros estos pequeños momentos tuyos en el que nos muestras tu pequeña y gran vida

    Yo ayer en la montaña, con el verde del prado y las vacas (El Bergueda), me sentí que era una parte insignificante del planeta Tierra y que lo que realmente importante es que todo continúe igual, el verde de la hierba, las vacas, los árboles, el sol, el cielo tan azul...

    Un beso muy grande y ahora escucho tu música, que como siempre contribuyes a enriquecerme en este mundo.

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  2. Muchas gracias Yolanda, sé que, igual que yo, tu eres una amante de la naturaleza y disfrutas con los pequeños momentos de felicidad que nos da la vida. Hay que aprender a buscarlos, o al menos, a reconocerlos. Un beso grande.

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  3. Bueno, ya empezaba a echar de menos tus escritos, suerte que de vez en cuando vuelves.

    Qué poco cuesta agradecerle a la vida que nos permita un día más, es tan simple, como dices, sólo contemplando la naturaleza nos damos cuenta que estamos vivíos que respiramos.
    En muchas ocasiones si que es verdad que a nuestro cuerpo le entra una especie de euforia, que, por lo menos a mí, me cuesta explicar ya que es como una sensación de bienestar, vamos un chute de adrenalina que se produce de vez en cuando. (¿Será el cambio de estaciones?)
    Si contempláramos más la naturaleza, dentro y fuera de la ciudad y escucháramos más música nos entenderíamos mejor y nos haría mejor de lo que somos, sí, porque todos tenemos nuestro lado bueno, que sin duda es mejor que el malo, pero el malo hace más ruido.

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