sábado, 21 de octubre de 2017

GALICIA, LÁGRIMAS DE FUEGO



Para ambientarme en mi nueva novela, he estado durante muchos meses imbuida dentro de Galicia. De la Galicia de tierra adentro; de las carreteras surcadas entre montañas; de las aldeas perdidas entre bosques; de la naturaleza en estado puro.

Miles de personas han mostrado su indignación e impotencia a través de los medios de comunicación. Cientos de plumas, mucho mejores que la mía,  han manifestado su estupor y su tristeza.

Aunque la vida transcurre en medio de una vorágine, en donde lo ocurrido ayer ya no es noticia hoy, y en donde lo único que parece importar es el acontecimiento que marca el momento,mi corazón ante una tragedia así, se siente vacío.

 Cuando en la televisión comentaban que había habido que lamentar en Galicia la muerte de cuatro personas,  yo pensé: cuatro personas que han muerto físicamente, pero ¿cuántas han muerto anímicamente? ¿A cuántas se les ha abrasado el alma?

Personas que se han roto al ver que sus animales, los que les daban de comer, o los que tenían durmiendo a sus pies al lado de la chimenea, han muerto porque no han podido rescatarlos a tiempo, y que se torturarán una y mil veces recordando las imágenes de sus vacas, o caballos o corderos mirándolas aterrorizados, mientras a ellas las sacaban corriendo de la casa para poder salvar sus vidas. Vidas que quizás, a más de uno no le hubiera importado perderla, si con ello les hubiera ayudado a soltarse de sus cuerdas, o a atenazar el pánico que les paralizaba las patas, impidiéndoles salir huyendo hacia la libertad.

Personas que jamás volverán a encontrar la paz, acordándose de sus casas invadidas por las llamas, lamiendo con sus abrasadoras lenguas todos los recuerdos y esfuerzos de una vida.

Personas a las que se les ha incrustado en su retina, las montañas iluminadas de amarillo, mientras un demonio rojo iba devastando, palmo a palmo, sus campos y unos árboles a los que tantos años les habían costado crecer.

Me es igual por qué ha ocurrido. Ya de nada sirven los insultos y las recriminaciones. No alivia saber que todo ha sido culpa de un agricultor ignorante que pensaba que controlaba la quema de sus rastrojos, sin darse cuenta que el viento es libre y caprichoso. No alivia saber que hay políticos a quienes recriminar la falta de previsión o el exceso de confianza. No alivia pensar que todo ha sido producto de un demente, que se quedó hechizado ante el brillo de una llama. Ya nada alivia porque no escarmentaremos, y de aquí unos meses, o unos años, volveremos a ver las mismas imágenes y volveremos a buscar los mismos culpables.

Por más que queramos imaginarnos como es el drama de quienes lo han perdido todo, no podemos pasar de unas sensaciones de empatía. Y lo peor es la impotencia de pensar que quien ha arruinado sus vidas, quien ha destrozado sus corazones, quien ha asesinado a tantos seres “inferiores” indefensos, no es otro que el propio ser humano que, sabiendo el daño que iba a causar, no le ha temblado la mano en provocar a una naturaleza, que sigue sin comprender, como el hombre continúa considerándose el rey de la creación.

 Quiero dejaros con la canción que se ha convertido en el himno de esta maravillosa tierra. Quiero dejaros con este poema de Rosalía de Castro, donde las sombras llevan con ellas el dolor y la tristeza.


Todo o meu agarimo a unha terra máxica onde, estou segura, que as boas meigas axudasen a que todo renaza de novo.



3 comentarios:

  1. Un escrito precioso, llena de tristesa, pero firme.
    Tengo una amiga Gallega-catalana y he hablado con ella, la situación se resume en una palabra, ATERRADOR.
    No se quien tiene interés en cometer esta salvajada, me reservo el pensamiento.
    Esto no puede voler a pasar.

    Un abrazo al poble galega.
    Nunca máis.



    estos actors tan terribles

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  2. La naturaleza como la piel tiene memoria y es muy difícil restaurarla y que Galicia vuelva a ser la misma, es casi imposible, por lo menos que nosotros lo veamos.

    Es aterrador lo que ha pasado en Galicia, en Portugal, Castilla León y Asturias. Y lo peor son las pérdidas humanas y de animales. Toda una tragedia producida por el ser más devastador que existe en el universo.

    Reflexionemos y pensemos que le dejaremos a nuestros herederos en la tierra, un mundo desolado, lleno de edificios que le faltará el alma, osea la naturaleza.

    Un beso a todos y sobre todo mucho ánimo a la gente que lo han perdido todo.

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  3. Gracias amigas por demostrar vuestra sensibilidad.

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