sábado, 22 de julio de 2017

EL BLOG CUMPLE 100 PUBLICACIONES ¡GRACIAS A TODOS!


Cuando allá por septiembre del 2015 asome tímidamente la nariz por un mundo absolutamente desconocido para mí como es el bloguero, no me hubiera imaginado que llegaría a escribir 100 publicaciones, o mejor dicho, 100 historias. Desde enero del año pasado, cada semana hemos estado compartiendo  juntos todo tipo de situaciones, y siempre he encontrado vuestra complicidad y, sobretodo, vuestro inmenso cariño.

Gracias infinitas a todos los lectores que me han hecho llegar sus comentarios: unos (los más decididos) dejándolos plasmados en las redes sociales, y otros a través de métodos más confidenciales. Gracias por regalarme cosas tan maravillosas como:

v Estoy esperando al sábado por la tarde para leer tu blog
v Me da rabia reconocer que… estoy enganchado a tu blog
v Me gusta tomarme el café del domingo por la mañana leyendo lo que has publicado esa semana
v Gracias a tu blog he vuelto a leer
v Cada publicación es una pequeña novela

 Me llena de una alegría enorme que me digáis que, muchas veces, mis historias han servido para poner voz a vuestros pensamientos.

Ahora voy a descansar un poquito (que no quiere decir que si necesito contaros algo lo haga), porque hay que coger fuerzas antes que se me acaben los temas. ¡Ja,ja,ja!

100 publicaciones han dado para mucho. Desde el poder que una sonrisa ejerció en aquella mendiga huraña, hasta mi reivindicación de que no todo se acaba en Agosto. Lo del blog ha sido por casualidad (matemática pura).

Han habido cantos a la naturaleza: a las flores como el hibisco,  a los pájaros que cantan de madrugada o a las olas del mar que me esperaban en vacaciones.

Han habido recuerdos para seres que, en realidad, no necesitan que nadie los recuerde porque jamás de irán de nuestra memoria y de nuestro corazón; pequeños homenajes a queridas personas que se han hecho más mayores; alegrías por amigos que vencen a las dificultades.

Publicaciones en las que he desnudado mi alma (a modo de terapia), y en donde he reconocido que alguna vez estuve enamorada y…tal vez lo añore, o que me deprime la primavera, o que no me gusta la Navidad, pero que  la llegada de los Reyes Magos me sigue convirtiendo en una niña.

Publicaciones en las que me ha salido toda la rebeldía y he intentado lanzar a los cuatro vientos que no soporto la violencia, el incivismo y la prepotencia.

Publicaciones en las que ha quedado claro que amo a los animales.

Publicaciones que han querido hablar de sueños, de luchas y de conquistas.

Publicaciones en las que he compartido con todos vosotros la alegría de mis libros y la esperanza de que sigáis a mi lado cuando, muy prontito,  salga el próximo.

Publicaciones en las que, con todo mi respeto,  he intentado solidarizarme con los que sufren enfermedades canallas como la Fibromialgia o el ELA.

Publicaciones, en fin, que lo único que han pretendido ha sido acercarme más a todos vosotros contándoos la vida tal y como la veo…¡tal y como la vivo!

 Muchas personas me han dicho que por qué no hago un libro con todos los relatos del blog. ¡No estaría mal! Pero la verdad es que gracias a las  nuevas tecnologías con solo poner en cualquier buscador: “Vamos Lakatos”…. ¡ahí que aparezco!

Os animo a que sigáis leyéndolo; a que volváis a navegar por las historias porque, con el pasar del tiempo, “saben” diferentes.


Un beso muy grande amigos y hasta muy pronto. Prometo llegar como un vendaval.

sábado, 15 de julio de 2017

¡HEY! QUE EN AGOSTO SIGO EXISTIENDO




Aunque todavía faltan dos semanas para llegar al mes (junto con diciembre), más famoso del año, el ambiente ya se está caldeando (nunca mejor dicho)


Miles de personas llevan todo el año esperando el mes número 8. Ya sabéis que para las civilizaciones orientales, sobretodo la china, el 8/8 es una fecha mágica en donde las mujeres adelantan los partos, los novios deciden casarse, y los enfermos parece que se mueren con más alegría, porque les espera mucha más suerte en el más allá.

Agosto es el mes por excelencia de las vacaciones. El mes de desconectar de la rutina diaria; el mes de  perder de vista a las personas que llevas once meses soportando;  el mes de…..

El mes desgraciado para las personas que seguimos trabajando o, sencillamente, no salimos de vacaciones.

El mes en el que el día a día se convierte en un auténtico viacrucis. 

Desde que abrimos los ojos por la mañana, nos encontramos con que nuestro programa de radio/televisión, que durante todo el año nos ha ido acompañando y dando los buenos días, o no se emite, o han cogido sus riendas otros presentadores que cambian por completo el ritmo, con la puñetera manía de hacerlo  “más veraniego”.

Si intentamos desplazarnos en coche por la ciudad, nos vamos encontrando con calles en obras y calles cortadas que aprovechan a ponerlo todo patas arriba porque..."Como en Agosto no hay nadie"

   Si no nos queda otra que coger los transportes públicos, tendremos que armarnos de toda la paciencia que le sobró al santo Job para no acabar con un ataque de nervios al ver que, ya no es que pasen con menor asiduidad, es que la mitad de la plantilla se ha ido a plantar la sombrilla a la playa. Eso si no nos informan que tal trozo de linea de metro no funcionará en todo Agosto por mejoras. "Habrá un servicio de autobuses que...."  ¡Ya!

Y por supuesto…no nos pongamos enfermo. ¡Ah no! Ni se te ocurra tener el antojo de sufrir una apendicitis. ¡También los hay caprichosos!  Quirófanos que, como me confirmó el otro día un especialista, desde julio llevan la mitad cerrados; consultas que ya, directamente, te dan hora para septiembre (y estoy hablando de Mutuas; la Seguridad Social: ni te cuento), y si te dan hora para este mes de agosto, te encontrarás con médicos sustitutos (o que sustituyen al sustituto) que, no dudo que sean muy buenos y tengan mucha experiencia, pero alguno de ellos dan ganas de dar media vuelta y decirles: "Ay, lo siento me he confundido, pensaba que era la consulta de la que echaba las cartas….."

Por la ciudad, nos vemos invadidos y atropellados por los miles y miles de turistas que vagan, algunos como almas en pena, medio derretidos. Las terrazas todas llenas, los restaurantes todos llenos; las playas a punto de instalar la modalidad de poner un súper mega expendedor de números a la entrada, e ir dándolos a medida que los ansiosos bañistas vayan pisando la arena.

Si estamos en nuestro barrio, la mitad de las tiendas las encontraremos cerradas, lo que nos va a obligar, inexorablemente,  a ir a comprar el pan a aquella panadería en la que no hemos puesto el pié en todo el año y en la que nos vamos a encontrar con la medio sonrisita de la dependienta que nos dará la barra con recelo, como echándonos en cara: "Ahora vienes ¿eh? porque no te queda otra"

Las series de televisión, a las que nos hemos enganchado, en parón hasta septiembre; los programas de interés, sustituidos por programas frescos (o sea, intrascendentes); las películas de los cines, justitas para cubrir el expediente, esperando los grandes estrenos para cuando ”estemos todos”.

En fin amigos, que si sois también vosotros una de las millones de personas que se van a despertar a la misma hora de siempre y van a intentar hacer las mismas cosas del resto del año, ¡mucho ánimo! De aquí nada (porque el tiempo vuela) ya volveremos a la normalidad y cuando “estemos todos” a lo mejor nos toca decir: 

Ahí os quedáis, que ahora quien se va ¡soy yo!


    

sábado, 8 de julio de 2017

LOS SANFERMINES…..¡NO SÉ QUÉ DECIR!

Estoy segura que esta fiesta, considerada por muchos como la más famosa de España y, sin duda alguna,  como la mediáticamente más seguida en todo el mundo, es algo más que borracheras, gente tirada de madrugada por el suelo, incapaces de saber ni quiénes son, abusos de todas clases y un continuado maltrato a los animales.

Estoy segura que en los Sanfermines habrán conciertos, obras de teatro, exposiciones, desfiles, cabalgatas, ferias….

Estoy segura que en los Sanfermines las calles de Pamplona se llenarán de familias con niños disfrutando de la magia de los circos, de las atracciones y  de los espectáculos callejeros.

Estoy segura que en los Sanfermines miles de personas cantarán,  bailarán y se reirán, pero sin perder de vista el respeto a los demás.

Estoy segura que en los Sanfermines las mujeres jóvenes podrán ir tranquilamente por las calles riendo y luciendo sus (quien los pillara) maravillosos veinte o treinta años, sin que nadie intente aprovecharse de ellas.

Estoy segura que en los Sanfermines los grupos de chicos jóvenes harán el loco, se desinhibirán y guardarán un imborrable recuerdo, que les acompañará toda su vida, pero que acabarán el día yendo a dormir agotados a sus camas, en vez de hacerlo tirados en un banco, o directamente en urgencias con un coma etílico.

Estoy segura, pero... ¿dónde están esas imágenes? ¿Por qué todo lo que se transmite desde la capital navarra son escenas de inseguridad, de falta de civismo y de delirio colectivo?

Sé de muchas personas pamplonicas que cuando llegan estos días  cogen sus trastos y se marchan fuera de la ciudad.

Posiblemente, porque la barrera de los veinte años la pasé hace tantos que a veces dudo hasta que los tuviera alguna vez, no me imagino en medio de esas mareas de personas, invadiendo cada centímetro de plazas y calles, descontroladas y con la botella o vaso de cualquier tipo de alcohol, fundida en su mano hasta que se  escuche el “Pobre de mí”

Me parece muy triste que las imágenes que dan la vuelta al mundo, sean las de unos pobres toros asustados corriendo entre miles de seres extraños, que les gritan mientras les obligan a ir detrás de unos cabestros por unas estrechas calles, para desembocar en una plaza donde, al cabo de unas horas, serán torturados hasta morir entre los aplausos y risas.

Me parece vergonzoso que en todos los reportajes que se hacen en las distintas televisiones, días antes del chupinazo, entrevistando a los jóvenes que van llegando a la ciudad, quede de manifiesto que, para la gran mayoría, la única idea que tienen en la cabeza es: "Venimos a vivir a tope y a ponernos hasta el culo de todo”

En uno de estos reportajes, una chica, que no debía tener más de dieciséis o diecisiete años,  confesaba que eran sus primeros Sanfermines, y reconocía (riéndose), que en su casa sus padres se habían quedado muy preocupados. 

Me parece increíble esos extranjeros, sobretodo americanos (intentando emular a su gran compatriota, y embajador número uno de estas fiestas: Ernest Hemingway), que no teniendo ni idea en dónde se meten, ni estando en las mejores condiciones físicas, pongan en peligro la vida de corredores expertos en una carrera en la que hay que tener, algo más que un periódico en la mano.

No sé amigos, me encantaría que alguien que haya vivido los Sanfermines de cerca, me explicara esa parte de la fiesta que no interesa a los medios de comunicación.

Ojalá San Fermín escuche la oración que le cantan los mozos cada mañana:

“A san Fermín le pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro, dándonos su bendición”

        Y yo añadiría, a San Fermín le pedimos que reine la concordia, la alegría y la compostura, y que eche su manto protector sobre los pobres animales que, para que miles de humanos se diviertan, van a sufrir el peor día de sus vidas.


Un beso a todos y, una semana más, gracias por compartir este rato conmigo.

sábado, 1 de julio de 2017

EL TRISTE CANTO DEL PÁJARO DE MADRUGADA

Me gusta despertarme con el canto de los pájaros. Me llena de energía pasar del mundo de los sueños al mundo real, acompañada por los trinos de los cientos de pajaritos que se juntan en un enorme árbol que tengo delante de mi casa.  En el silencio de la madrugada, sus “conversaciones” se convierten en  un clamor de vida que llena, con el mágico y majestuoso sonido de la naturaleza, cada rincón de la calle.

Es la época en que se sienten más felices. Ya no amenaza el duro frío del invierno con helar sus plumitas. Ya pueden ir volando de un árbol a otro descansando en las frondosas ramas llenas de verdes hojas que les protegerán de la lluvia. Ya pueden proclamar a los cuatro vientos que están enamorados y esperar ansiosos la llegada de los destinatarios de ese amor. Cantan o pían o gorgojean con toda la fuerza que sus pequeñas gargantas les permiten.

Pero dentro de ese matinal concierto sinfónico, escucho siempre un “músico” en especial, cuyo canto destaca sobre  todos los demás. Tiene una voz potente, con un timbre agudo. Me imagino a este pajarito separado del resto; en otras ramas o en otro árbol. La melodía que sale de su diminuto cuerpo es triste, casi como un lamento. Alarga la nota hasta dejarla morir y tras un mínimo respiro, vuelve a emitirla. Una vez, otra vez, otra vez……

Quizás sea un reclamo para buscar compañera;  quizás sea un aviso al hostil mundo que tiene por abajo; quizás cante para aplacar su propia soledad…

¡La soledad!: gran amiga si la buscas; terrible enemiga si te encuentra.

A los 20, 30, 40 o 50 años, la  soledad es una palabra en la que nadie piensa. Se ve tan lejana que su significado se desvanece. “Yo nunca estaré solo; tengo mis padres, mis abuelos, mis hermanos, mis amigos, mis compañeros….”

 Cuando escuchamos hablar de personas que, al cerrar la puerta de sus casas, hasta el timbre permanece en un despiadado silencio; cuando de vez en cuando los noticiarios reservan dos escasos minutos para contar un nuevo caso del hallazgo de alguien que ha muerto en soledad, y que hasta que el olor no ha dado la voz de alarma, nadie ha echado de menos, nos auto convencemos….. ¡A mí nunca me pasará esto!

La soledad, a medida que nos vamos haciendo mayores, va achicando su cerco.

Siempre he pregonado algo que no es cierto: “Me gusta la soledad; disfruto con ella”. No, en realidad, no sé lo que es (y ojalá nunca lo sepa). La soledad no estar solo: es sentirse solo.

Yo estoy rodeada de personas que me hacen sentir viva. Dentro de mi casa me esperan mis dos perras, con las que jamás me puedo sentir sola (quien tiene mascotas me comprenderá). Sé que tengo la gente que me quiere que no dejará pasar un día sin enviarme, aunque no sea mas que un simple mensaje, esperado mi contestación. Tengo una vida interior rica que me llena cada minuto. Tal vez debería cambiar ese: “Me gusta la soledad” por  “Me gusta estar independiente”

Hay un cartel en el metro, que colocaron por una campaña de Navidad, que me impresionó muchísimo y lo sigue haciendo cada vez que lo miro.

 Una señora muy mayor de 92 años, está delante de la ventana de su casa. Mira nostálgica al infinito con un gesto abatido. El cartel traduce sus pensamientos: “Nunca hubiera imaginado que lo peor de hacerse mayor fuera la soledad”

Una terrible soledad que costaría tan poco mitigarla…. ¿No os habéis dado cuenta de la necesidad que tienen las personas mayores de hablar? Son tantas horas de silencio dentro de sus hogares que cuando salen a la calle están sedientos de una conversación, por pequeña y banal que sea. Hablar y ser escuchados.

El martes por la mañana fui a una frutería y mientras estaba mirando unos plátanos una señora se me colocó al lado. Nos miramos, ella me sonrió y yo le devolví la sonrisa. Extrañamente tenía unos ojos claros preciosos. Ahora es normal que casi todos los chiquillos tengan los ojos claros, pero encontrar personas muy mayores con los ojos azules o verdes no es tan usual. Como vi que seguía mirándome le comenté que no me acababan de convencer los plátanos porque estaban verdes y a mí me gustaban más maduros.

Este simple comentario le dio pie para contarme todo su historial clínico (era diabética) y explicarme lo que quiso a su marido, que había fallecido hacía diez años, lo felices que fueron, y hasta la fruta que le gustaba y que ella se la preparaba troceadita en el plato. Me contó que vivieron casi media vida con su suegra pero que ella la cuidó como si fuera su propia madre y que su marido siempre se lo agradeció. Que para ella sola con una pieza  de fruta tenía bastante, pero que cuando sus hijos o sus nietos le avisaban que irían a verla, compraba hasta un melón o una sandia entera. “No vienen mucho”, se le escapó mientras distraidamente comprobaba la dureza de una manzana.

¡Qué monstruoso puede llegar a convertirse el ser humano cuando algo le estorba! Hoy 1 de julio, comienzo de vacaciones para millones de personas, empezará “la temporada” en que más de una puerta de un coche se abrirá en una gasolinera, para que el confiado perrito de la familia baje un momento, cerrándose después ante el terror de quien no entenderá qué ha hecho mal para que su coche se aleje sin él.

“La temporada” en que más de un hospital recibirá la visita en urgencias de una familia con el abuelo de turno que se ha puesto malísimo, y…. “Ya vendremos”

Yo tengo muchísimo defectos, con el tiempo los he ido reconociendo todos, pero hay uno que sé que no tengo (quizás por propia pereza) y es el rencor. Cuánta energía y cuánta vida te quita estar atormentándote siempre con lo que te hicieron y pensando en cómo devolverlo. Sin embargo espero, si hay alguien por ahí arriba, que todas estas personas que abandonan seres indefensos que lo han dado todo, simplemente porque “fastidian las vacaciones” se encuentren algún día con el mismo pago.

Mis queridos amigos, si podemos, contribuyamos a mitigar la soledad, aunque no sea más que con una sonrisa, con una caricia, o con algo tan sencillo como escuchar a esa señora en la frutería.


Ayudemos a que el pajarito de madrugada sepa que no está solo.