sábado, 24 de junio de 2017

¿DÓNDE ESTÁ LA GRACIA DE LOS PETARDOS?

      
    Hoy es San Juan. Son las doce de la mañana. Estoy en mi casa con las puertas de la terraza abiertas, intentando escribir y no puedo concentrarme. Cada dos por tres doy un bote en la silla porque en la calle continúan  tirando petardos.

        Me imagino que son los que han sobrado de esta noche/madrugada,  o los que han dejado adrede apartados para seguir jodiendo a las pobres personas a las que el estallido, sin más ni más, de un cacharro de estos, hace que se nos dispare el corazón.

Tal vez la sensación de ser tú quien controlas cuándo vas a provocar un ruido ensordecedor que va a asustar a todo el que pase por tu lado, produce una emoción incomparable. 

A mí me encantan los fuegos artificiales, me emocionan las bengalas y cuando era niña he jugado muchísimo con aquellas tiras de pequeños petarditos que rascabas en la pared y hacías círculos con el brazo mientras iban explotando en una pequeña e inofensiva traca.

He tenido que aguantar, porque no me queda otra, que esta pasada noche de verbena la gente haya salido a la calle y durante tres horas hayan estado encendiendo todo tipo de artilugios. 

        Entiendo que son fiestas y tradiciones, pero…. un ratito ¿vale?

Todo lo que sea provocar un estruendo a las cuatro, las cinco o las seis de la madrugada en lugares rodeados de casas, en donde se supone que habitan personas que, quizás…. quieran descansar, sabiendo el sobresalto terrible que les vas a dar, se llama de dos maneras (podrían ser mas): falta de respeto e incivismo o lo que es lo mismo: "Gamberrismo"

        Y ya no hablemos de otras consecuencias colaterales como el colapso en urgencias para atender quemaduras y hasta amputaciones  de dedos, (hoy los noticiarios han dicho que casi la mitad de los atendidos ayer eran menores).

       Y naturalmente, no nos olvidemos de la situación de pánico horroroso por la que tienen que pasar miles de animales. La noche donde más  mascotas mueren (por ataques al corazón)  o se escapan aterrorizadas.

¿Por qué algunas diversiones tienen que basarse en fastidiar al prójimo?

Para esta noche hay celebraciones muy llamativas y especiales, como las mismas hogueras, el pisado de las brasas, las  bajadas de troncos encendidos, el baño en playa para tener suerte durante el año, las cocas…. 

El escándalo y desinhibición suelen ir de la mano del alcohol. ¿Cuántas personas habrán llegado hoy a sus casas con una borrachera de la que todavía ahora no se habrán podido despegar?

Como desde ayer a las seis de la tarde la pobre  y aterrorizada Nina no había hecho pipí  (la intenté bajar a las 10 de la noche y fue imposible hacerla salir del portal), esta mañana a las seis y cuarto me he despertado y en un cuarto de hora estábamos en la calle.

Lógicamente me he ido encontrando con los que regresaban de las verbenas. Algunos venían con cara de sueño o de cansancio, otros en plan patosillos dándole la paliza al amigo de turno, y otros, sobretodo chicas, que no sabían ni por donde caminaban.

Me he cruzado con tres crías que no debían tener más de dieciséis o diecisiete años. Vestidas de forma.... no sabría muy bien como describirlo; dejémoslo en: "provocativa". Dos de ellas iban sosteniendo a una tercera que literalmente se iba cayendo. Cuando he pasado por su lado se me han quedado mirando, con esa mirada descentrada típica de la  embriaguez, y se han echado a reír como tres histéricas (hombre, ya sé que yo sin maquillar pierdo mucho, pero tampoco era para tanto).  Me han dado mucha pena, y me han dado mucha pena sus padres que seguro que habrán estado toda la noche en alerta.

Tal vez haya quien, leyendo este blog, piense que estoy amargada, que no sé disfrutar de la vida, que todo me molesta, y que si quiero vivir en un mundo sin ruidos y sin excesos me vaya a algún monasterio en el Tibet. ¡Puede que tengan razón! Creo que pedirle a esta sociedad que piense, solo un poquito más, en el otro es una auténtica utopía.   

Muchos besos a todos y en especial a todos los que hoy celebran su santo. 

Moltes felicitats Joan.


sábado, 17 de junio de 2017

EL DOLOR LO SUFRE QUIEN LO SUFRE

Esta semana dos queridos compañeros míos de trabajo han pasado por el quirófano. Uno de ellos con una operación sencilla dentro de todo, por ser más rutinaria, y de la que ha salido, como es él: airoso (ahora se encuentra en casa recuperándose). Al otro compañero le han practicado una intervención muy delicada, en una zona en donde, el desvío de una milésima de milímetro del bisturí, hubiera podido tener consecuencias nefastas. Por ahora las noticias que nos llegan con cuentagotas desde el hospital, son preocupantes, pero estoy segura que su naturaleza va a poder saltar todos los obstáculos que se encuentre por su camino.

El viernes, cuando vino a despedirse de nosotros, lo vimos tranquilo y aceptando las bromas que todos les gastábamos para animarlo y para animarnos.

Los comentaros posteriores eran parecidos: “Pues se le ve  bien ¿eh? Yo no sé en su caso como estaría. Es que me pongo en su lugar y….”

Por más que apreciemos a una persona, por más que la queramos proteger y cuidar, el dolor (tanto físico como anímico) lo sufre quien lo sufre.

Desde que nacemos se convierte en nuestro cruel y egoísta compañero de viaje al que no le gusta que nadie más le acompañe: Él y tú.

Cuántas veces ante el padecimiento de un ser querido (permitirme que incluya los animales que comparten nuestra vida) desearíamos poder estar en su lugar y pasar ese mal rato nosotros. Cuántas madres se cambiarían por su hijo ante una simple inyección.

¿Por qué tenemos que sufrir tanto? Si estamos enfermos porque lo estamos, y si no lo estamos, sufrimos pensando que podemos estarlo.

El cuerpo humano, el cuerpo de cualquier ser vivo dicen que es una máquina perfecta y maravillosa. Todo va a su sitio, cada célula sabe lo que tiene que hacer, cada órgano cómo tiene que actuar, pero ¡es tan fácil que se despisten!

Hace unos meses hice una publicación sobre una enfermedad que me impresiona mucho, posiblemente por tener gente amiga que la padece: la fibromialgia. En Facebook comparto amistad con dos grupos diferentes de personas que la padecen. Muchas veces cuando leo los comentarios desesperados de quienes necesitan poner voz a su martirio, porque ya no aguantan más, me siento impotente de no poder hacer otra cosa que pasar mis ojos por las atormentadas  líneas y  enviar un “me entristece” (tenía que haber otras opciones como…. No puedo hacer nada pero te admiro). A veces me sobrecogen tanto los mensajes que dejo algún comentario, ya no de solidaridad, porque yo no puedo ponerme en la piel de esa persona que es incapaz de levantarse de la cama, pero sí al menos de  respeto.

En este momento me estoy acordando muchísimo de mi compañero de trabajo con el que llevo compartidas miles de horas, desde hace más de 40 años que nos conocemos. Pienso si estará consciente, si se dará cuenta de su gravedad, si tendrá miedo…

Gracias a Dios en los hospitales, hoy en día,  procuran alejar todo lo posible el dolor, pero aun así, hay un dolor mental y anímico que se acrecienta en el momento en que dejas de tener el dominio de tu cuerpo y estás a merced de otras personas o incluso de unas máquinas.

Mi querido compañero, me gustaría poder enviarte toda mi fuerza y todo mi cariño. Que te llegaran mis deseos de que, cuando pasen unos años, puedas contar esta experiencia como una anécdota de tu vida. Que tus nietos te digan: “Ya está aquí el abuelo otra vez contando la batallita de cuando estuvo en el hospital”

Mi querido compañero, quiero volver a verte bajar a nuestro departamento con tu calma habitual y con ese hablar pausado (que tanto admiro, yo que hablo tan atropelladamente).  Quiero que me vuelvas a regalar esa sonrisa tuya tan bonita y tan sincera. Quiero volver a adivinar si me estás hablando en serio o me estás tomando el pelo.

Mi querido compañero sabes que todos te queremos y que sin ti, nos falta algo, así que ¡ponte las pilas, revoluciona tu cuerpo y que le plante cara a todo ese sufrimiento que no te mereces!


Con permiso de todos mis amigos del blog, hoy te mando a ti solo el abrazo más grande del mundo. 

sábado, 10 de junio de 2017

¿ESTÁ USTED DE ACUERDO CON UN ESTADO INDEPENDIENTE EN FORMA DE REPÚBLICA?

No sé a vosotros, pero si a mí hay algo que me incita a hacer una cosa es...¡que me la prohíban!

 Desconozco las leyes, los protocolos o las reglas de juego que hay que aplicar cuando alguien quiere ir por libre y, sobre todo, cuando ese alguien quiere preguntar a los demás si les gustaría compartir con él su libertad. Y quiero recalcar “SU” libertad, que por supuesto no significa que sea la verdadera libertad.

Si cuando en su momento se habló de consultar al pueblo de Catalunya, de forma absolutamente pacífica, si querrían ser independientes del resto de España, el gobierno central no hubiera puesto impedimentos, posiblemente los resultados hubieran sorprendido a más de uno.

Ahora estoy segura que  muchos de  aquellos votos, después de la tortura psicológica que llevamos padeciendo día tras día desde hace más de año y medio los sufridos catalanes (de nacimiento y de adopción), tanto por parte de los dirigentes catalanes como de los dirigentes de “España”, habrán cambiado.

¿Qué significa la pregunta que, tras de cientos de noches de consultarle a la almohada, ¡por fin! las cabezas pensantes del gobierno catalán han elegido para el 1 de octubre?

          “Un estado independiente en forma de república”

A mí  lo de forma de república me parece perfecto porque me declaro totalmente antimonárquica. Encuentro que en pleno siglo XXI, y dentro de un estado democrático, con su presidente y sus cortes, se ha quedado convertida en una institución rancia y sin ningún sentido. ¿Que son los mejores embajadores del país... ¡Dejémoslo ahí!

        ¿Por qué una persona  tiene que hacer una reverencia o una medio genuflexión delante de otra?  ¿Por qué hay que aguantar todo ese boato absurdo y desfasado alrededor los miembros de una casa real? ¿Por qué nos tienen que hacer creer que son mejores y más importantes que nosotros? ¡Por favor! He de reconocer que yo cuando era joven podía definirme como Juancarlista. ¡Si hubiera sabido en que se gastaba mis impuestos……!

Pero a lo del estado independiente…. Creo que en las papeletas al lado de la pregunta deberían añadir, como una pequeña nota aclaratoria y para que nadie se llame a engaño, lo que la la Comisión Europea ha manifestado:

Si Cataluña se independiza y sale de la UE podría usar el euro como moneda pero no participaría en las instituciones -como el Eurogrupo, el Banco Central Europeo (BCE) o el fondo de rescate (MEDE)- y por tanto no tendría ningún poder de decisión,

Estoy cansada de que TODOS me engañen. Que los unos me digan que si se logra esa independencia mi vida va a ser maravillosa, y los otros que me voy a morir de hambre. Me revelo ante  los que, cuando digo que soy española, me tachan de facha o me dicen ”Pues vete a España”, pero también me revelo contra esos otros que, al proclamar a los cuatro vientos que me siento catalana, que quiero a Catalunya con toda mi alma y que llevo toda mi vida viviendo aquí y contribuyendo con mi trabajo y mi dinero a que sea uno de los sitios más bonitos del mundo, me responden: “Pues quédate allí. Que os encierren a todos en una jaula….”

Llega un momento en que a mí misma me canto aquella canción de Alberto Cortez: “No soy de aquí, ni soy de allá”

¿Si quiero la independencia? No lo sé, yo también consultaré con mi almohada el día 30 de septiembre. Claro que… a lo mejor tendría la doble nacionalidad: catalano/riojana.

Pido respeto para todos, máxima transparencia y sobretodo pensar que aunque las personas seamos absolutamente prescindibles, los pueblos no.  



  

sábado, 3 de junio de 2017

Y YO PAGANDO EN EL METRO…¡SERÉ IDIOTA!



Ayer salieron estas cifras en los periódicos digitales:

En Barcelona en un día laborable se efectúan 22.247 viajes en autobuses urbanos (no contamos el metro cuya cantidad es casi el doble) sin validar el billete. O sea, 22.247 personas que se han subido en este transporte, que pagamos entre todos, por el morro.

Transportes Metropolitanos de Barcelona deja de ingresar por este motivo 3,5 millones de euros al año. Que si esta pérdida fuera de una empresa privada pensaría: “Pues vaya negocio que están haciendo”, pero viniendo de una empresa que, repito pagamos entre todos, el solventarla podría significar algo tan bueno para el pobre ciudadano de a pie, como que nos rebajaran el precio del transporte que generalmente tenemos que coger a diario tres y cuatro veces.

¿No hay inspecciones en los autobuses o en los metros? ¡Por supuesto! A veces, en según qué línea o qué estación yo he visto hasta cuatro o cinco inspectores y personal de seguridad  rodeando al listo de turno. Pero ¿y qué? Mirar lo que especifica su Reglamento :

El reglamento oficial de procedimientos para el control en TMB (Transportes Metropolitanos de Barcelona), establece en su punto 258 que, si el infractor no puede o no quiere abonar la denuncia por viajar sin billete, se le pedirá el documento acreditativo (DNI, pasaporte, etcétera). En caso de no facilitar se solicitarán los datos verbalmente

Como os podéis imaginar, quienes se dedican a colarse en los transportes públicos tienen la lección aprendida y, por si las moscas, aluden no llevar la documentación encima por lo que:

¿Cómo se llama usted?  José Pérez Martínez

¿Domicilio? Palacio de la Moncloa s/n  28940 de Madrid

Vale pues ya le llegará la sanción.  Buenos días.

Naturalmente cuando esa sanción llegue al Palacio de la Moncloa se encontrara que no hay ningún José Pérez Martínez y acabará en el cesto de los papeles.

Directamente a los extranjeros que se hagan los suecos (o los italianos, o los canadienses) para evitar gastarse un sello al extranjero ¡buena gana! ya ni se les sanciona.

Total que las multas se tramitarán para los “tontos españoles” que, buenamente, han enseñado su identificación. ¿Es justo?

En 46 años que llevo en Barcelona solamente una vez me “pillaron” sin billete. Fue en los ferrocarriles de la Generalitat. Yo marqué en la estación de origen, el billete se me cayó, no me di cuenta y cuando llegue a mi destino y tuve que validarlo…. obviamente no lo encontré. Se lo comuniqué al empleado que estaba al lado de la barrera que me impedía salir y lo único que me dijo, después de que a petición suya le  presentara mi DNI (infeliz) , fue que escribiera en un papel mi alegación del por qué me encontraba sin billete. Al cabo de dos meses (hasta me había olvidado), me llegó la multa creo que de unos 80 euros.

Estoy harta de ver como se cuela la gente en los autobuses y en los metros; harta de gente con gran agilidad que saltan los tornos, o entran por las puertas reservadas para salir; harta de personas que se me pegan detrás para pasar a la vez que yo cuando marco mi billete. En más de una ocasión he impedido que lo hicieran  y sus maldiciones me han acompañado todo el trayecto.
¡De todas las formas!

Estoy hasta el gorro de cumplir con mis deberes de ciudadana que solamente implican pagar, pagar y pagar.

Estoy harta de pertenecer a un colectivo de borregos (con todo mi enorme cariño y respeto a estos ovinos) que seguimos validando nuestras tarjetas cuando sabemos que vamos a ir en condiciones infrahumanas dentro de los vagones o de los vehículos: aplastados, casi sin poder respirar y aguantando el aliento ajeno en nuestro cogote.

Un colectivo de borregos que en las huelgas de metro (llevamos mes y medio sufriendo una cada lunes) encima somos tan “cívicos” que pagamos por jugarnos la salud arriesgándonos a sufrir una lipotimia o a un ataque de ansiedad.

Borregos que cuando bajamos en verano a los andenes del metro (por supuesto sin acondicionar) por un momento dudamos que no os hayamos equivocado y hayamos entrado en el mismísimo infierno.

Borregos a los que la propia empresa pública tiene que anunciar constantemente, por megafonía o por los paneles, las estaciones que disponen de desfibrilador (fíjate como anima escuchar eso), o pedir que si alguien tienen la mala pata de ponerse  enfermo llame al teléfono de emergencia, o si está dentro del vagón le ayuden a salir para que lo atiendan fuera (y así no jorobar al resto de viajeros).

Aparte de pagar cada viaje, una vez al año tengo que pagar un impuesto  llamado “Tributo Metropolitano” por el mero de hecho de tener una vivienda a donde llegan los transportes públicos.

No puedo dejar de transcribirlos la razón que da el Instituto Municipal de Hacienda de Barcelona para justificar este pago:

El transporte público es deficitario y por eso todos debemos contribuir a mantenerlo.

Que no me llamen persona responsable, que no me llamen buena ciudadana, que me llamen realmente por ni nombre: ¡IDIOTA!

  
 ¡Ah!, dos cosas: Este ejemplo se puede extrapolar a cualquier otra situación en la que sintamos que hemos hecho el primo por comportarnos honradamente.

Y... aunque estoy cabreada, os mando un beso enorme.