viernes, 8 de diciembre de 2017

Y BEXONTE SE VISTE DE LARGO


Me tiene loca. No hay otro tema de conversación. A todas horas. Yo creo que ni duerme. Y yo, en el fondo, le entiendo y simplemente intento transmitirle calma y decirle (además estoy segura) que todo va a salir muy bien y que su presentación en sociedad va a ser un éxito.

Mi Bexonte se viste de largo.

Imaginaros la ilusión que tengo, como madre de la criatura que soy. Han sido muchos meses de trabajo, de robarle las horas a mi vida, de exprimir al máximo el tiempo. Han sido dos años y medio de ir viendo como crecía, como se iba desarrollando, como iban sucediéndole todo tipo de  aventuras, como iba cambiando.

Han sido dos años y medio de no quitármelo de la cabeza. Dos años y medio de ir a todas partes acompañada por él, porque en el momento más inesperado, o tan vez más inoportuno, me venía la luz de una frase, o de cómo acabar una escena, o de cómo desarrollar con más fuerza un diálogo.

Ha sido un largo embarazo del que parecía que nunca iba a acabar saliendo la criatura. Y por fin…..¡aquí está! Ha salido decidido, potente y con ganas de comerse el mundo.

Y yo, como cualquier madre, mirando a los ojos de las personas que lo van teniendo en sus manos. Intentando averiguar las primeras impresiones; ansiosa de esos primeros comentarios. Yo sé que mi niño es guapo pero… ¿pensarán lo mismo los demás?

Y mi niño está gustando. Y mis expectativas se están cumpliendo. Y lo que yo quería transmitir con él, lo estoy logrando.

Tengo muchas ganas de que llegue el día 12. No os voy a negar que estoy nerviosa, pero intento que él no se dé cuenta. Es su momento. Es el momento de explicar quién es; es el momento de que todos los protagonistas dejen por un rato sus cálidas y confortables páginas y salgan del libro para que todo el mundo los conozca. Es el momento de que ellos expliquen qué sienten y cómo viven. Es el momento de que noten el calor del público que después se colará discretamente en sus vidas.

Un libro vive a través de los ojos que se deslizan por sus letras.

Me gustaría el día 12 estar radiante, espléndida, comunicadora. Ser una buena anfitriona de la fiesta.

Todas las presentaciones tienen una gran carga de ilusión y de emoción, pero posiblemente, para mí, la del próximo martes sea la más especial de todas.

Ojalá pueda rodearme de muchos amigos, y ojalá pueda dar muchos abrazos. Soy la embajadora de mis personajes  y en su nombre, tengo que dar las gracias.


 Sí…Bexonte, la aldea sin cobertura, ¡ya está aquí y os espera!



sábado, 4 de noviembre de 2017

LLAMADME IDIOTA


Llamadme ilusa, soñadora, idealista, optimista, o llamadme directamente idiota, pero pensaba que, al menos, durante unos días, iba a volver la medio normalidad a  nuestras vidas.

Pensaba que los sencillos ciudadanos de a pie, los políticos y los mandatarios, íbamos a centrarnos en prepararnos para una fecha importante (impuesta o no), en la que todos podremos manifestar nuestros pensamientos y nuestros sentimientos.

Pensaba que iba a haber una tregua de acusaciones, descalificaciones e insultos. Pensaba que, como en Fuenteovejuna, íbamos a ir todos a una, dentro de nuestro colectivo ideológico, y el trabajo en equipo y el respeto iba a saltar por encima de los extremismos.

Pensaba que podría volver a poner la televisión, y reencontrarme con programaciones variadas e informativos que me informaran de lo pasaba en TODO el mundo.

Pensaba que podría volver a encender la radio, sin tener que ir  saltando de dial en dial hasta encontrar un poco de música, o unos programas que trataran de todos los temas pero desde la calma y la imparcialidad.

Pensaba que podría volver a escuchar a la gente por la calle hablando de futbol. El otro día me enteré que el Barça  iba ya a 8 puntos del Real Madrid. En otra época, esto hubiera sido todo un acontecimiento.

Pensaba que podría retomar las conversaciones tranquilas con mis amigos, sin temor a que nadie sacara el monotema y alguno se enzarzara en acaloradas discusiones.

Pensaba….. pero no. Nuevamente volvemos a estar con el alma en un puño. Nuevamente caceroladas; nuevamente manifestaciones; nuevamente enfrentamientos; nuevamente divisiones; nuevamente la economía, que se encoge como el caracol que le tocan los cuernos.

No voy a entrar en las últimas decisiones de la justicia. Creo que la clase política que en este momento está privada de libertad física, sabía lo que hacía y a lo que se podía enfrentar. Estoy convencida que sus excelentes abogados les habrán ido informando, día a día, de las consecuencias que podrían tener sus palabras y sus actos y, aun así, han decidido libremente seguir adelante.

Creo que, como en las grandes batallas, el “capitán” tenía que haber ido al frente de su tropa, y haberse arriesgado a ser  el primero en recibir una bala por defender a sus soldados.

Pero también creo que hay muchos sinvergüenzas, ladrones, estafadores y maleantes que siguen tranquilamente haciendo su vida normal en Catalunya, en el resto de España y fuera de ella. ¿Por qué me suena Ginebra….. será por la bebida? Delincuentes que con su libertad, no solo se burlan de la justicia, sino que se ríen de los “pringados” que, por no tener las espaldas tan cubiertas como ellos (vaya usted a saber por quién y por qué),  acaban con sus huesos en un celda de 11 metros cuadrados.

En mi mundo de Alicia en el País de las Maravillas, solo tendrían que existir las cárceles (que no nos olvidemos, pagamos entre todos con nuestros impuestos), para  los que han cometido algún delito de sangre. Todos los que han robado, de una manera o de otra, con guante blanco o con las manos sucias, deberían estar obligados a devolver todo el dinero sustraído, o defraudado más una multa sustanciosa que iría a parar directamente a servicios sociales, y si no lo depositaran, entonces sí, entrarían directamente en la prisión, sin ningún tipo de ventajas ni reducción de las penas hasta que no lo hubieran devuelto todo.

En ese mundo imaginario, las cárceles no tendrían que albergar a nadie por sus tendencias o creencias políticas. Si con ellas hubieran causado algún daño material o económico, que fueran fuertemente sancionados, y si habían puesto en peligro la estabilidad ciudadana, que fueran retirados de la carrera política.

Pero mientras todo esto no pase de una pura ensoñación, yo también me sentiré presa, porque los acontecimientos, provocados por unos y por otros, han invadido violentamente mi vida, privándome de la libertad de sentirme tranquila en una sociedad donde, hasta hace muy poco, intentábamos luchar juntos contra otros terribles enemigos, que siguen ahí, y a los que parece que ya nadie teme.

Libertad para todos los presos injustamente encarcelados.


 



sábado, 21 de octubre de 2017

GALICIA, LÁGRIMAS DE FUEGO



Para ambientarme en mi nueva novela, he estado durante muchos meses imbuida dentro de Galicia. De la Galicia de tierra adentro; de las carreteras surcadas entre montañas; de las aldeas perdidas entre bosques; de la naturaleza en estado puro.

Miles de personas han mostrado su indignación e impotencia a través de los medios de comunicación. Cientos de plumas, mucho mejores que la mía,  han manifestado su estupor y su tristeza.

Aunque la vida transcurre en medio de una vorágine, en donde lo ocurrido ayer ya no es noticia hoy, y en donde lo único que parece importar es el acontecimiento que marca el momento,mi corazón ante una tragedia así, se siente vacío.

 Cuando en la televisión comentaban que había habido que lamentar en Galicia la muerte de cuatro personas,  yo pensé: cuatro personas que han muerto físicamente, pero ¿cuántas han muerto anímicamente? ¿A cuántas se les ha abrasado el alma?

Personas que se han roto al ver que sus animales, los que les daban de comer, o los que tenían durmiendo a sus pies al lado de la chimenea, han muerto porque no han podido rescatarlos a tiempo, y que se torturarán una y mil veces recordando las imágenes de sus vacas, o caballos o corderos mirándolas aterrorizados, mientras a ellas las sacaban corriendo de la casa para poder salvar sus vidas. Vidas que quizás, a más de uno no le hubiera importado perderla, si con ello les hubiera ayudado a soltarse de sus cuerdas, o a atenazar el pánico que les paralizaba las patas, impidiéndoles salir huyendo hacia la libertad.

Personas que jamás volverán a encontrar la paz, acordándose de sus casas invadidas por las llamas, lamiendo con sus abrasadoras lenguas todos los recuerdos y esfuerzos de una vida.

Personas a las que se les ha incrustado en su retina, las montañas iluminadas de amarillo, mientras un demonio rojo iba devastando, palmo a palmo, sus campos y unos árboles a los que tantos años les habían costado crecer.

Me es igual por qué ha ocurrido. Ya de nada sirven los insultos y las recriminaciones. No alivia saber que todo ha sido culpa de un agricultor ignorante que pensaba que controlaba la quema de sus rastrojos, sin darse cuenta que el viento es libre y caprichoso. No alivia saber que hay políticos a quienes recriminar la falta de previsión o el exceso de confianza. No alivia pensar que todo ha sido producto de un demente, que se quedó hechizado ante el brillo de una llama. Ya nada alivia porque no escarmentaremos, y de aquí unos meses, o unos años, volveremos a ver las mismas imágenes y volveremos a buscar los mismos culpables.

Por más que queramos imaginarnos como es el drama de quienes lo han perdido todo, no podemos pasar de unas sensaciones de empatía. Y lo peor es la impotencia de pensar que quien ha arruinado sus vidas, quien ha destrozado sus corazones, quien ha asesinado a tantos seres “inferiores” indefensos, no es otro que el propio ser humano que, sabiendo el daño que iba a causar, no le ha temblado la mano en provocar a una naturaleza, que sigue sin comprender, como el hombre continúa considerándose el rey de la creación.

 Quiero dejaros con la canción que se ha convertido en el himno de esta maravillosa tierra. Quiero dejaros con este poema de Rosalía de Castro, donde las sombras llevan con ellas el dolor y la tristeza.


Todo o meu agarimo a unha terra máxica onde, estou segura, que as boas meigas axudasen a que todo renaza de novo.



viernes, 13 de octubre de 2017

BORJA AYBAR ¡PERDÓNANOS!


¿Hasta dónde es capaz de llegar la maldad humana? ¿Hasta dónde la ignorancia? ¿Hasta dónde somos capaces de dejarnos manipular?

Estoy escribiendo esta publicación si haber abierto mi Facebook y mi Twitter. Espero, y deseo de todo corazón, que ninguna persona de las que tengo como amistades o contactos, haya escrito, o haya compartido, ningún comentario en torno a la muerte del aviador Borja Aybar, más allá de para manifestar la pena o, como mínimo, el respeto.

Creo que estoy rodeada, o me he dejado rodear por gente buena, por eso, estoy convencida que la denuncia que quiero plasmar en este blog (que arde de indignación), no va para nadie  conocido.

A mí, las celebraciones del 12 de octubre me avergüenzan. Jamás entenderé que exista una fecha para conmemorar una de las mayores masacres de la humanidad.

Como tampoco entenderé ese despliegue militar que tanto recuerda  a otros temidos tiempos.

¿Para cuándo un desfile de médicos, o de panaderos, o de amas de casa?

No comprendo ese alarde de fuerzas armadas, aéreas y de tierra; de esos cientos de hombres y mujeres uniformados desfilando a paso ligero, o ligerísimo, según la Compañía, por las pacíficas calles de la ciudad anfitriona.

Ya sabemos que están. Ya sabemos que nos protegerán. ¡Ya está! Muchas gracias.

Intencionadamente obvio la familia real…. y el séquito político que la rodea.

No soy de darme golpes patrios en el pecho, ni duermo abrazada a una bandera (de ninguna clase), sin embargo, que existan personas cuya vida basura, les haya empujado a burlarse, ridiculizar y ensañarse con la vida de un hombre de 34 años que, posiblemente, haya muerto para evitar la muerte de otras personas, me revuelve las entrañas.

Puedes creer o no; puedes estar a favor del ejército o no; puedes comulgar con una ideología o con otra. Todo es lícito porque para eso somos libres, pero ¿quién te crees que eres para mofarte de una tragedia?

¡Cuánto daño están haciendo las redes sociales!

Cuánta  gente anodina, gris y frustrada se sienten “alguien” consiguiendo unos cuantos “me gusta”  ¡Que grande soy!

Borja Aybar, no sé quien eras, aunque leo que tu expediente era intachable. Ojalá, allá donde estés, te permitan enviar un poco de consuelo  a quienes se han quedado sumidos en la más absoluta desolación.

Perdónanos a todos. A quienes, por el simple hecho de ver sus vomitivas palabras escritas en algún sitio que no sea en un rollo de papel de wáter, se creen importantes, y a los que, en algún momento, hemos contribuido a que se lo creyeran.

Espero que tu pequeño bebé crezca lejos de esta mediocridad, y estoy segura que llevará toda su vida, el orgullo de haber tenido un padre que pensó en los demás antes que en el mismo.


Descansa en paz.

sábado, 7 de octubre de 2017

¿NOS TOMAMOS UN RESPIRO?


¡Ay, latinos de sangre caliente:vehementes, viscerales y apasionados!

¡Ay, hombres y mujeres, siempre dispuestos para la batalla!

Pero, ante todo... ¡ay,benditas cabezas pensantes que intentan hacer valer el raciocinio, que puede apagar todos los fuegos!

A mis familiares, amigos, compañeros y conocidos; a todas esas personas que formáis parte de mi mundo, directa o indirectamente, os digo más que nunca: ¡Vamos a vivir la vida, que se la llevan!

Esta mañana, paseando con Nina por un recorrido entre las huertas que están a cinco minutos de mi casa, y que me consiguen desconectar de todo, me ha entrado una especie de “subidón”.  Se me ha llenado el corazón de energía y me he sentido muy pequeña, pero a la vez muy grande.

¿Me ha tocado la lotería? ¿Me he probado la falda del año pasado y me queda grande? ¿Ya nadie habla de política? No, no, amigos, simplemente me he dado cuenta que estaba vida.

¡Vaya chorrada!, pensaran algunos; vivos estamos todos. ¿Seguro? ¿Todos los que estamos vivos, estamos vivos? ¿Todos nos damos cuenta de lo que tenemos, de lo bueno que nos rodea, de los privilegios que nos acompañan desde que abrimos los ojos?

Para que, quizás, me entendáis mejor, os diré que el otoño, no es solo mi estación favorita, sino que es la estación donde renazco.

Mientras Nina disfrutaba yendo suelta y parándose un millón de veces ante cualquier cosa que le llamara la atención, yo iba llenándome los pulmones de “verde”.

He descubierto unas flores silvestre con el color lila más espectacular que he visto en mi vida. Os mandaré una foto.

Luego me he quedado fascinada con una especie de frutos, como minúsculos balones de rugby, con una apariencia terrorífica porque estaban rodeados de espinas, para que nadie los tocara, pero que si lo haces te das cuenta que son espinas blanditas que no pinchan. El pobre fruto tiene miedo que le hagan daño y se protege, pero necesita una caricia. (Como tantos seres humanos)

Y después me he vuelto a encontrar con  unas plantas muy, muy altas y flexibles que están a ambos lados del camino, y que cuando hace viento se inclinan, casi hasta tocar el suelo, en una especie de saludo, al que yo siempre le correspondo con un: ¡Graaaacias!, y Nina con una medio estampida, porque todavía tiene miedo.

Amigos ¡estoy viva! ¡Estamos vivos!

       Podemos ver, oír, andar, tocar, saborear, oler. Podemos pensar, y nosotros, y solamente nosotros, somos dueños de nuestras emociones, y solo nosotros decidimos si seguimos almacenando odio, rencor y frustraciones, o nos abrimos y damos a manos llenas todo el amor que llevamos dentro.


Es sábado, en este momento el sol entra hasta el comedor de mi casa, mis dos “muchachas” están durmiendo relajadas después de sus paseos, y yo estoy escuchando algo que quiero compartir con vosotros.

Es una de las arias de ópera más célebres, y creo que la más corta: Amor ti vieta, de Fedora (Giordano), cantada por la voz, para mí, más extraordinaria que ha habido: Jaume Aragall.

El aria viene a decir que, a veces en el amor, los labios callan lo que los ojos hablan.

      Un abrazo otoñal a todos.  

sábado, 9 de septiembre de 2017

¿TENEMOS QUE VIVIR OTRO ATENTADO?


Como se suele decir: ¡qué poco dura la alegría en la casa del pobre!

Aquel 17 de agosto no hubo, por supuesto, ninguna alegría, pero por unos momentos, por unas horas, por uno o dos días, dejamos todos de mirarnos el ombligo y miramos a los ojos de los que teníamos al lado, intentando dar lo mejor de nosotros.

Por unas horas no sentí que era ni catalana, ni riojana, ni española; era una persona unida por el sentimiento, la fuerza y las ganas de luchar contra un cobarde y mortal enemigo.

Por muy pocas horas las ideologías se aparcaron y los reiterativos discursos dieron paso a una sola y unánime voz.

Por muy pocas horas los medios de comunicación descansaron del mántrico rezo: Urnas, referéndum, independencia, leyes, prohibición, amenazas…..

Por muy pocas horas porque, cuando todavía los cuerpos de las desgraciadas víctimas inocentes estaban casi calientes, comenzaron a salir las acusaciones  y las recriminaciones entre unos y otros, y a enarbolarse unas banderas que tendrían que haber permanecido mudas y guardadas en el sótano más profundo. Ni esteladas ni banderas españolas. Solo la bandera de la Paz.

   Me indignó y me produjo una enorme tristeza ver que en la manifestación, que era para demostrar que nadie tenía miedo y que todos estábamos unidos y, sobretodo, para rendir homenaje a las personas que habían perdido absurdamente la vida bajo las ruedas de aquel demente,  se empezaron a mostrar eslóganes que nada tenían que ver con lo que la había motivado.

 Todo se ha olvidado. Se acabaron las buenas formas; se acabaron las buenas intenciones.

A partir del ahora en Catalunya y en España parece que no va a haber más noticia que lo que vaya a ocurrir el próximo 1 de octubre.

No sé vosotros, pero yo estoy absolutamente agotada de esta guerra de guerrillas entre los de aquí y los de allá. Creo que ya lo de menos es pensar para quien están gobernando. Ha llegado un momento en que ni unos ni otros escuchan al pueblo. Ahora todo se basa en una pelea de gallos a ver quién da el picotazo final.

Me aterroriza pensar que si no me meto en una burbuja, cierro la radio, la televisión, no leo periódicos, y no salgo de casa, voy a tener que desayunar, almorzar, comer, merendar y cenar con:

-      Va a haber referéndum
-      No lo va a haber
-      Voy a poner las urnas
-      No las vas a poner
-      Pues paso de lo que digáis
-      Pues vendrá la Guardia Civil
-      Pues se encontraran con los Mossos
-      Pues os meteremos a todos en la cárcel
-      Pues ¡qué bien! nos encontraremos con vuestros compañeros.

Que lástima que el remar todos a una, respetando las ideas y dejando opinar libremente, sin censuras ni miedos, haya durado lo que ha durado la imagen de las gotas de sangre en nuestras retinas.

Un beso a todos.




sábado, 19 de agosto de 2017

MI AMADA BARCELONA… YO SÍ TENGO MIEDO


No me importa en absoluto reconocerlo y no creo que el hacerlo me convierta en una mujer menos fuerte.

Sé que tengo miedo porque el pasado 17 de agosto lo tuve ¡y mucho!

Cuando me encontré rodeada de gente que corría y gritaba aterrorizada, yo también corrí. En momentos de pánico y de confusión el sentido común y el raciocinio quedan totalmente anulados. Aún así, supongo que por la curiosidad innata que todos llevamos en la sangre, me paré un segundo y me volví. No había ninguna furgoneta blanca avanzando por mitad de la calle pero ¿y si venían uno o varios terroristas  a pie disparando o acuchillando? No sería la primera vez.

Vi el cielo abierto en forma de Banco de Santander y a unos ángeles vestidos de guardias de seguridad, que abrieron las puertas blindadas del banco (a esa hora por supuesto cerradas) y nos indicaron que entráramos rápidamente en el recinto.

Mi agradecimiento también desde aquí,  a toda la buena gente que protegió en sus establecimientos a los cientos de personas que iban de un lado a otro sin saber dónde guarecerse.

Sí, tuve miedo y reconozco que en aquellos momentos lo único que pensé fue: ¿Dónde me esconderé si llegan a entrar?

Pero en estas situaciones el espíritu de solidaridad salta  por encima de cualquier egoísmo. Con la mejor de mis sonrisas ayudé a calmar a un matrimonio extranjero que lloraban en estado de shock junto con sus dos hijos. Acaricié a los pequeños y con primitivos gestos les explique que allí estábamos seguros, que los vigilantes estaban en la puerta ya cerrada y que esta era automática y no podría pasar nadie (así me auto convencía a mi misma)

La mujer me sonrió y el marido me hizo un tímido gesto con el pulgar hacia arriba.

A mi lado una chica se puso en cuclillas y espontáneamente me cogió la mano. Yo se la apreté guiñándole un ojo y ella me sorprendió diciéndome con una voz casi inaudible: ¿Quieres un caramelo?

Tengo miedo sí, y no es desde el jueves. Todos los barceloneses llevábamos demasiado tiempo con el presentimiento de que algo iba a pasar, más tarde o más temprano. Barcelona es un bombón demasiado sabroso para demasiadas bocas repugnantemente sucias. 

Y tengo miedo porque no nos enfrentamos a un enemigo visible del que puedes intuir su estrategia. Nos enfrentamos a un trozo de carne dirigido y manipulado desde lejos, como si de un robot se tratase. Un trozo de carne que la única leche que ha mamado ha sido la del odio. Un trozo de carne al que le han hecho creer  que para salir de su mierda de vida en su mierda de mundo, debe ser un héroe.

Un trozo de carne que no se da cuenta (porque la carne no piensa) que matando a personas inocentes y absolutamente anónimas no solucionará nada ¡Imbécil!

Pero ¿sabéis también de que tengo miedo?: de mi propia hipocresía.

Este acto terrorista, obviamente, me ha afectado hasta lo más hondo de mi alma pero ¿y las otras veces?

Cuando leo en el periódico o veo en la televisión que “los buenos” para matar a unos “malos” han tirado una bomba al lado de colegio y han matado a 80 niños, o que “los buenos” para destruir un arsenal de “los malos” han lanzado un misil que, porque estaban cerca (también es mala suerte) han destrozado a cientos, miles de seres desprotegidos y víctimas del olvido, pienso: ¡Ostras! y rápidamente paso la página o cambio de cadena porque no quiero amargarme el desayuno o la cena.

Y es que la muerte, en esos países tan lejanos y con esos idiomas tan raros y esas otras religiones…..como que no hace el mismo daño ¿verdad?

Mi querida Barcelona, (mi segunda tierra), posiblemente sea bueno seguir teniendo miedo porque eso hará que estemos más alertas pero, te aseguro, que mi vida va a seguir siendo la misma y voy a seguir paseando por tus calles y gritando a los cuatro vientos: ¡Qué bonita eres!